Kenneth Wapnick, Ph.D.
Extractos de charlas celebradas en la Academia de la Fundación para Un Curso de Milagros, Temécula, CA; material procedente de seminarios de 2009 y 2010.
Este taller aborda la esperanza desde la perspectiva de Un Curso de Milagros: no como expectativa de que el mundo cambie, sino como recuperación del poder de elección de la mente. A lo largo del recorrido se examinan la pérdida, el sufrimiento, la resistencia, la transformación, el especialismo, la culpa, el ataque, el perdón y el retorno a la fuente, culminando en una reflexión sobre la inocencia que nunca se perdió.
La esperanza está en la mente
Pregunta: Vengo a clases como estas a escucharte, leo el Curso y trato de practicarlo lo mejor que puedo, pero chico, cada vez me voy volviendo más consciente de hasta qué punto no quiero hacerlo. Soy una máquina de proyección, lo digo en serio. A veces pierdo la esperanza y entonces empiezo a dudar de que podamos llegar a ese "tomador-de-decisiones" y elegir otro DVD. ¿De verdad podemos hacer eso? ¿O estamos condenados a vivir este DVD por el resto de nuestra vida y simplemente tomar conciencia de que se trata de un DVD, en lugar de elegir la paz y elegir ser amoroso? Actualmente en mi trabajo tenemos mucha presión, mucha ansiedad, y yo no sé cómo dejar de elegir eso. Esto a veces se vuelve un poco desesperado.
Respuesta: Creo que todo el mundo estaría de acuerdo con lo que estás comentando. Todos tienen esa experiencia. La mayoría de las personas recurren al Curso porque sus vidas no están funcionando, pero no son conscientes de hasta qué punto están mal las cosas hasta que comienzan a trabajar con este material. Y esto sucede porque el mundo parece ofrecerles esperanza. Siempre hay algo: otra relación, otro banco que robar sin ser atrapado, drogas, alcohol, etc. Hay cosas que nos distraen, pero cuando empezamos a entender realmente lo que el Curso está diciendo, nos ponemos más ansiosos. Nos damos cuenta de que realmente no hay esperanza en el sistema del ego, que es un sistema de pensamiento todopoderoso, hecho todopoderoso porque nos gusta.
Esto puede ser muy desconcertante en nuestros días buenos y rotundamente desesperado en otros días. Sin embargo, no podemos llegar hasta la luz sin traspasar la oscuridad. Eso es un tema importante del Curso. Jesús dice que juntos disponemos de la lámpara que desvanecerá al ego (T-11.V.1:3). Eso significa mirar al ego, y algunas de las descripciones que el Curso hace del ego pintan un retrato horripilante y extremadamente escalofriante. Y lo que hace esto peor es darnos cuenta de que está hablando de nosotros. Hay secciones muy intensas en las que se habla de "carne arrancada del hueso" (T-24.V.4:8), "arrojar a tu hermano por un precipicio" (T-24.V.4:2) y elegir sufrir para que algún otro muera (T-31.V.15:10).
Descripciones de este tipo no son fáciles de procesar y pueden dar lugar a sentimientos de desesperanza. La esperanza radica en la comprensión (que es una de las razones por las que siempre hago hincapié en la metafísica) de que hay una razón por la que nos sentimos de esa manera. La razón por la que el mundo es tan desesperado es que cuando nos identificamos con nuestros cuerpos no hay realmente esperanza. Creemos que somos libres cuando morimos, pero el Curso dice que "existe el riesgo de pensar que la muerte es paz" (T-27.VII.10:2). Entonces, antes de darnos cuenta ya estamos aquí de vuelta otra vez o en otro aspecto del sueño. No hay esperanza en el mundo. No hay esperanza dentro de la ilusión porque, una vez que nos identificamos con la ilusión, no vemos nada más. Se necesita tiempo y mucha disciplina para empezar a entender que el mundo no es lo que parece.
Con frecuencia digo: "No te creas la mentira" y "No creas a quienes te digan que dos y dos son cuatro", pues ellos se basan en la creencia de que en este mundo hay leyes lógicas que perduran, cuando el hecho es que todo aquel que esté cuerdo sabe que dos y dos son cinco porque aquí nada tiene sentido. Empezar a entender eso es extraordinariamente útil porque al menos se nos echa un cable con sentido.
El mundo ofrece una gran cantidad de salvavidas (cuerdas a las que agarrarse, tablas de salvación), todo tipo de adicciones. Cerca del final del Texto hay una sección muy potente titulada "La verdadera alternativa" en la que se dice que todos los caminos que hay aquí (en este mundo ilusorio) conducen a la muerte (T-31.IV.2:11). ¡No hay esperanza en el mundo! A veces he dicho que Un Curso de Milagros es la única espiritualidad que yo conozca que ofrece verdadera esperanza en el sentido de que no ofrece ninguna esperanza de cambio en el mundo. La esperanza que el Curso ofrece es su enseñanza de que todo lo que parece ocurrir aquí está ocurriendo en la mente tomadora de decisiones. Ahí es donde está la esperanza, pero el problema es que no vemos ninguna alternativa, lo cual es lo que esta pregunta está expresando, y eso es cierto. La verdad del ego comienza a venirse abajo cuando nos damos cuenta de que el ego no ofrece ninguna esperanza y parece todopoderoso únicamente porque creemos en él. Es entonces cuando empezamos a tener un asomo de esperanza, que puede crecer y crecer, pero que no estaría dirigida a hacer que el mundo funcione mejor para nosotros. Recordemos la cita que dice: "No trates de cambiar el mundo, sino elige cambiar de mentalidad con respecto al mundo" (T-21.in.1:7), lo que quiere decir que tenemos el poder sobre él.
Así que puede que estés atravesando un período muy estresante en tu trabajo, y aunque no seas capaz de elegir la paz, podrías al menos saber en algún nivel que podrías elegir la paz. Podrías ir a tu trabajo y hacer lo que tengas que hacer, y soportar todas las chorradas que tengas que soportar, y a pesar de eso estar en paz. Saber que eso es una posibilidad te daría al menos una luz de esperanza. Es también útil ser consciente de que los sentimientos de desesperanza y desesperación representan una decisión.
Se necesita mucho trabajo, mucho estudio de lo que el Curso enseña, para ser capaces de integrar esto en nuestra vida y que empecemos a ver que, efectivamente, no hay por qué sentirse molesto, y aunque puede que eso no sea lo más agradable que le esté sucediendo a tu cuerpo, aún así podrías estar en paz. ¡Eso lleva trabajo! Pero compensa porque entonces no trabajaremos bajo la ilusión de que algo de aquí va a hacernos felices: la creencia de que finalmente encontraré la relación adecuada, el trabajo adecuado, el clima adecuado, la imagen corporal adecuada —cualquier cosa que me haga sentirme bien con respecto a mí mismo y que me haga feliz. Ahora nos damos cuenta de que nada de eso funcionará. Todos tenemos cierta edad cuando nos percatamos de esto. Hemos probado muchas cosas diferentes del mundo, y simplemente no funcionaron.
La razón por la que Un Curso de Milagros va a funcionar es que nos va a llevar desde el cuerpo hasta la mente, desde el símbolo hasta la fuente. Tenemos control sobre eso. El comienzo de la lección 70 establece claramente que no hay nada en el mundo que pueda hacernos felices o infelices; nada del mundo puede darnos dolor ni placer. Después dice que esto nos pone a cargo del universo al cual pertenecemos —tenemos el control del universo de la mente tanto si estamos alegres como tristes (L-70.2:3). Esto no tiene nada que ver con las circunstancias externas. Incluso si no experimentamos eso, al menos saberlo intelectualmente es un muy buen comienzo porque se restaura nuestro poder. De lo contrario todos somos impotentes y estamos condenados a ganar a duras penas una pizca de poder. Creemos que podemos controlar una parte de nuestras vidas o a veces a una persona en particular, pero lo que realmente creemos es que estamos a merced de fuerzas que no podemos controlar, especialmente las fuerzas del envejecimiento y de la economía. Suceden cosas: la gente pierde sus trabajos y sus casas, y no crearon nada. Eso es solo como es hoy en día, nuestros pensamientos pasan. O, nos viene un cáncer o le viene un cáncer a un ser querido, y en el nivel del mundo no tenemos control sobre eso, pero sí tenemos control sobre cómo lo vemos.
La línea que dice que el mundo que vemos es una "imagen externa de una condición interna" (T-21.in.1:5) nos indica el camino de salida. El mundo que vemos es una proyección, un símbolo de una condición interna, la cual es la decisión de la mente en favor del ego o del Espíritu Santo —el poder de elegir. Eso nos da la esperanza de que incluso en medio de circunstancias horribles aún podríamos estar en paz. Al principio creemos esto intelectualmente o trabajamos con el fin de llegar a creer esto intelectualmente. Si nos mantenemos trabajando en esto, llegaremos a un punto en el que esto se convertirá en nuestra experiencia, pero para llegar ahí se necesita un montón de duro trabajo porque estamos desaprendiendo toda una vida, si es que no vidas, que estuvo dedicada a considerar el símbolo como lo real y olvidándonos de la fuente.
La pregunta refleja también, a pesar de que no se mencionó esto, la resistencia que todos tenemos a aceptar que lo que estoy diciendo y lo que el Curso está diciendo es verdad. El mundo aparenta ser un testigo muy poderoso. Como dijo Wordsworth: "El mundo es demasiado con nosotros". Es demasiado poderoso. La enfermedad es demasiado poderosa. La situación financiera del mundo es demasiado poderosa. La guerra es demasiado poderosa. El trastorno mental es demasiado poderoso. La muerte es demasiado poderosa. No podemos superar esas cosas (no podemos vencerlas), y en el nivel del cuerpo, no podemos. Pero podemos superar nuestro sistema de creencias porque tenemos el poder de cambiarlo. Ahí es donde reside la esperanza.
¿Es esto realmente posible? Sí, es realmente posible. Te diría que podrías hacerlo incluso esta tarde, pero eso te precipitaría al pánico, así que no voy a decir eso.
L-284 — Puedo elegir cambiar todos los pensamientos que me causan dolor
Echemos un vistazo a una lección donde se habla de todo esto de una manera excelente: La lección 284, "Puedo elegir cambiar todos los pensamientos que me causan dolor". Lo que esto quiere decir es que no es el mundo lo que nos hiere; no es nuestro trabajo o nuestro jefe lo que nos hiere; no es nuestra relación especial la que nos causa dolor; no es el cuerpo lo que nos duele. Son nuestros pensamientos los que nos causan dolor, lo cual es lo que las lecciones 5 y 34 nos dicen: "Nunca estoy disgustado por la razón que creo" y "Podría ver paz en lugar de esto". He aquí lo que la lección 284 dice:
Las pérdidas no son pérdidas cuando se perciben correctamente. (L-284.1:1)
El mundo siempre juzga las pérdidas en términos del cuerpo: estoy perdiendo mi salud, mi vitalidad, mi juventud, mi felicidad, mi trabajo, mi dinero, a mi ser querido, mi casa. Siempre hay alguna pérdida exteriorizándose. Cuando percibimos apropiadamente la pérdida nos damos cuenta de que no podemos perder nada ahí fuera. No hay nada ahí fuera, y cualquier percepción de pérdida viene de nuestra creencia mental en ella, la cual (la creencia) la podemos cambiar: "Puedo elegir cambiar todos los pensamientos que me causan dolor".
El dolor es imposible. No hay pesar que tenga causa alguna. Y cualquier clase de sufrimiento no es más que un sueño. (L-284.1:2-4)
En otras palabras, el mundo no nos hace sufrir. El sufrimiento es parte del sueño del ego. Ahora viene un pasaje que es muy importante tener en cuenta, porque nos ayuda a recordar que esto es un proceso:
Esta es la verdad [es decir, que todo lo de aquí es una ilusión; el placer y el dolor son ilusorios], que al principio solo se dice de boca, y luego, después de repetirse muchas veces [probablemente muchas, muchas, muchas veces, pero decirlo así sería estropear el metro, así que hay un único "muchas", pero estoy seguro de que Helen escuchó "muchas, muchas, muchas veces"], se acepta en parte como cierta, pero con muchas reservas. Más tarde se considera seriamente cada vez más y finalmente se acepta como la verdad. (L-284.1:5-6)
Esta es una descripción muy clara del proceso que todo estudiante de Un Curso de Milagros recorre. Leemos las palabras y decimos que son lindas, tal vez incluso hermosas, y nos gustaría creer en ellas, pero tenemos reservas: podemos ver que eso funciona en algunos casos, pero no en otros, en algunas relaciones o enfermedades, pero no en otras: con un dolor de cabeza, pero no con un cáncer. Objetamos: "¡Pero yo tengo un pago de la hipoteca vencido!". Y entonces decimos las palabras una y otra vez. Seguimos leyéndolas y escuchándolas. Después las aceptamos parcialmente, todavía con muchas reservas. Después empezamos a pensar sobre ellas más y más seriamente. Y finalmente las aceptamos como la verdad. Lo que nos convence para aceptarlas como la verdad no son las palabras en sí mismas. Lo que nos convence es nuestra propia experiencia. Comenzamos a ver que lo que atravesamos en el nivel de la forma puede ser horrible, pero que todavía podemos estar en paz. Así que alguien puede haber dicho algo muy desagradable de mí, pero ya no me lo tomo de manera personal. Empezamos a practicar eso cada vez más, y a verlo cada vez más. "Los que tienen miedo pueden ser crueles" (T-3.I.4:2). Las personas pueden actuar con crueldad hacia nosotros, pero ellas están tan asustadas como nosotros. Tenemos que preguntarnos: "¿Por qué tengo que ser parte de su (de ellas: las personas) sueño?".
Hay una importante sección en el capítulo 28 titulada "El acuerdo a unirse" (T-28.III). El contexto es la enfermedad y Jesús nos invita a no aceptar el sueño de enfermedad de nuestro hermano (T-28.III.3:3; tb. T-28.III.2:3), lo cual no quiere decir que nos volvamos insensibles ante alguien que esté sufriendo; no nos reímos de eso ni nos volvemos desagradables. Lo que quiere decir es que no perdemos nuestra paz, lo cual de hecho nos volverá mucho más cariñosos, atentos y considerados porque no tendremos conflicto, culpa ni miedo interfiriendo con nuestra libre expresión del amor.
Esto es algo que podemos practicar. Cuando alguien dice algo desagradable, no tenemos por qué ser parte del sueño de esa persona. Pero si nos enojamos lo que estaremos diciendo es: "Sí, tienes razón. El sueño de la separación es real y está poblado de víctimas y verdugos; lo lamento por las víctimas y odio a los verdugos". Podemos dar un paso hacia atrás de eso y recordar que si todos somos lo mismo, entonces los verdugos creen en lo más profundo que ellos han sido víctimas y que la única manera con la que pueden hacer frente al dolor es mediante el ataque. Una vez más, "los que tienen miedo pueden ser crueles". Toda víctima es un silencioso verdugo señalando con un dedo acusador diciendo: "Mírame, hermano, por tu culpa muero" (T-27.I.4:6).
Más tarde, el Texto dice: "Y lo que ves en cualquier clase de sufrimiento que padezcas es tu propio deseo oculto de matar" (T-31.V.15:10). Siempre he dicho que en todo el libro ese es el pasaje más difícil de que la gente realmente lo mire. "Y lo que ves en cualquier clase de sufrimiento que padezcas es tu propio deseo oculto de matar". Queremos sufrir para que alguna otra persona sea considerada responsable. Existimos pero no es culpa nuestra, y Dios castigará y destruirá a esa otra persona. Paralelamente, un pasaje anterior dice que los pecados de nuestro hermano están "escritos en el Cielo (...) y que van delante de él (...)" (T-27.I.3:2). Nuestro sufrimiento le dice a Dios que mire los pecados de esa persona, los cuales están escritos en el Cielo y van delante de ella, queriendo decir que esos pecados harán caer a esa persona en el infierno, donde ella será castigada. Y dado que se trata de o el uno o el otro, si esa persona va al infierno, entonces yo debo ir al Cielo.
Entender esto nos da algo que recordar cuando estemos en medio de situaciones que sean dolorosas o espantosas, en las cuales estamos todos casi todo el tiempo. Así podremos decir en serio (o: y tener la intención de) que: "Podría ver paz en lugar de esto". Reafirmemos este importante punto: esto no quiere decir que vayamos a justificar la conducta desagradable o la crueldad de las personas. Simplemente significa que no las atacaremos. Son personas asustadas, pero todo el mundo está asustado y por lo tanto todo el mundo tiene pensamientos y sentimientos crueles, actuando cruelmente. La mayoría de nosotros no robaría bancos, ni violaría, ni mataría a gente inocente, ni tirarían bombas sobre aldeas estando contentos con eso: "¡Oh, hoy he tenido un gran día! He matado a ciento cincuenta personas y la mayoría de ellas eran mujeres y niños... ¡ya tienen su merecido!". La mayoría de nosotros no haría eso, pero todos lo haríamos en algún nivel. Puede que no lo hagamos en la forma, pero cuando nos alegramos de que el violador local haya sido capturado y severamente castigado, o incluso matado, no somos diferentes del violador. Pues con eso estamos diciendo que el sufrimiento de alguna otra persona me produce placer. Y bien, ¿no es eso lo que hace un violador? Lo que el violador dice es: "Tú no me importas. Yo sólo quiero mi placer". Pues bien, nosotros queremos el placer de saber que ese bastardo culpable está siendo matado y nosotros no. Obtenemos de eso un gran placer, como todos sabemos. Simplemente observa a una familia cuyo hijo ha sido asesinado; obsérvales fuera de la sala, cuando se ha dado el veredicto y el tipo que mató a su hijo o que violó y asesinó a su hija se va tras las rejas y nunca saldrá de ahí. Ellos están totalmente eufóricos. ¡Se ha hecho justicia! Pero es el infierno, no se ha hecho justicia sino injusticia porque no hay amor ahí. El amor no castiga. El amor puede poner un límite a la capacidad de las personas para crear falsamente, pero nunca lo haría con un espíritu de castigo (nunca con ánimo castigador, nunca con odio).
Todos estamos silenciosamente contentos cuando el agresor es atrapado. Eso no nos hace mejores que él. Esto es lo que tenemos que ver. No hay que confundir el símbolo con la fuente. En el nivel del símbolo todos somos muy, muy diferentes. En el nivel de la fuente, que es la mente separada, todos somos lo mismo. Todos somos secretos Hitlers y Stalins. Todos somos asesinos. Todos somos secretos Jesuses y secretos Budas porque todos tenemos una mente correcta. Todos somos lo mismo. Todo el mundo tiene una mente correcta —todo el mundo. Si excluimos a una persona estamos excluyendo a toda la Filiación, porque lo que hace que la Filiación sea la Filiación es el hecho de estar unificada. Todos somos uno. Este es un pensamiento muy aleccionador.
Con frecuencia digo que si quieres ver lo lejos que has llegado con el Curso, simplemente observa un juicio que haces y pregúntate a ti mismo si harías este juicio con respecto a todos los aspectos (o todas las personas) de la Filiación. Toma cualquier pensamiento no amable (o de antipatía, desagradable) que tengas hacia una persona y pregúntate si extenderías ese pensamiento hasta abarcar a todas las demás personas, incluyendo a Jesús y la gente que aquí amas. Lo más probable es que dijeras: "No. Jesús nunca violó a nadie. Él nunca fabricó una bomba ni la tiró sobre la gente inocente de una aldea". Al juzgar y pensar en los demás de manera poco amable, lo que estamos haciendo es diferenciar y fragmentar a la Filiación. Estamos diciendo que hay una jerarquía de ilusiones, lo cual como ya hemos visto es la primera ley del caos (T-23.II.2:1-2). Estamos diciendo que hay personas aquí que son diferentes a otras personas.
Las personas son diferentes en el nivel de la forma, pero no en el nivel de la mente. No hay que confundir el símbolo con la fuente. Los símbolos son diferenciados, a menos que los hagamos símbolos de la mente correcta, los cuales entonces abarcan a todos. Por lo tanto, si tú tienes una experiencia maravillosa y beatífica al contemplar una gran obra de arte o una gran escena de la naturaleza, y no permites que ese amor abarque a todos, entonces estás negando la belleza de esa experiencia. Estás diciendo que puedes tener una experiencia maravillosa del Amor de Dios en cualquier forma que pueda tomar, pero que no puedes llevarlo a casa contigo porque tienes todos estos ruidosos niños interrumpiendo tu paz; o que no puedes llevarlo al trabajo; o que no puedes llevarlo contigo cuando estás viendo las noticias.
Cuando pensamos de esa manera, estamos tomando la experiencia del amor y limitándola, lo cual significa que ya no es amor. Tener un pensamiento poco amable o hacer alguna cosa desagradable no nos convierte en pecadores, pero ciertamente está diciendo que todavía valoramos, afirmamos y damos testimonio de la realidad de la separación, la realidad de la fragmentación, lo cual es lo mismo que decir que hay una jerarquía de ilusiones: que en este mundo hay personas buenas y malas. Es cierto que hay personas a las que juzgamos como buenas y que hacen cosas buenas según nuestra estimación, y personas a las que llamamos malas y que hacen cosas que consideramos malas. Pero no todas las personas estarían de acuerdo con nuestra evaluación, lo cual significa que no es una evaluación universal, y si no es universal, no es real.
Del símbolo a la fuente
La mentira del mundo es que los símbolos significan algo, y el significado es que ellos se diferencian (unos de otros). Esa es la mentira de los símbolos. Ese es el significado que los símbolos tienen para el ego. El propósito de cualquier símbolo es llevarnos de vuelta a la fuente. Si se trata de la fuente de la mente-errada, entonces nos conviene cambiar de mentalidad. Si se trata de la fuente de la mente-correcta, entonces lo que nos conviene es fortalecerla y compartir el amor que proviene de esa decisión en favor de la mente-correcta. Eso es lo que hace que el Curso sea tan difícil. Hay una sección titulada "Salvación sin transigencias" (T-23.III). Si de verdad queremos ser salvados, lo cual quiere decir salvados de nuestra decisión en favor de la culpa, tenemos que incluir a todos en nuestra decisión. Este Curso es inflexible. El tono del mismo es muy dulce y suave, y la experiencia de tener a Jesús como nuestro maestro es muy amorosa, amable y paciente, pero él es inflexible. En un mensaje Jesús le dijo a Helen algo que en realidad es para todos nosotros: "Te amaré, te honraré y respetaré absolutamente lo que has hecho, pero no lo apoyaré a menos que sea verdad" (T-4.III.7:7). Él no apoya nada que nosotros digamos o pensemos. El Curso niega que cualquier cosa que pensemos sea cierta. Jesús respeta lo que nosotros pensamos porque nuestros pensamientos/creencias provienen de nuestro poder de decisión. Si no respetamos el poder de nuestra decisión de elegir al ego, nunca respetaremos el poder de elegir al Espíritu Santo, pero Jesús no apoyará nuestra decisión en favor del ego porque el ego no es verdad.
En ese sentido, el Curso es inflexible. Es dulce, suave, amoroso y amable, ¡pero es siempre claro e inflexible! Muchos estudiantes se sienten tentados a esquivarlo, pensando que Jesús no está realmente diciendo lo que dice, o lo esquivan al no hacer caso de ciertas cosas que leen. Así que cuando Jesús nos dice que nuestros ojos no ven, hacemos como que no hemos visto o leído ese pasaje. Correcto, ¿entendido? Los ojos no ven. Nosotros fingimos que no vemos esta frase que dice que nuestros ojos no ven. Vemos lo que queremos ver.
Por lo tanto, al practicar el Curso, tenemos seguir compartiendo esa amabilidad y suave dulzura de nuestro maestro, pero tenemos que ser inflexibles en no considerar como causa a nada externo. Nunca estamos disgustados por la razón que creemos (Lección 5). Pensamos que estamos molestos porque... Y todos tenemos una larga lista de "porqués". De la misma manera en que podemos fácilmente decir que creemos ser felices porque... lo cual significa que nunca somos felices por los motivos que creemos. El mundo miente. El mundo fue hecho para mentir. "Nada es tan cegador como la percepción de la forma" (T-22.III.6:7). La forma miente. La forma nos ciega. Los símbolos nos impiden ver la fuente. Por eso es por lo que: "Nada es tan cegador como la percepción de la forma". Por eso es por lo que no deberíamos creer a quienes nos digan que dos más dos son cuatro.. Quienes digan eso, no entienden. Ellos podrían ayudarnos con un problema corporal, pero no nos serán de ayuda para volver a casa. Ellos podrían ofrecernos una particular forma de magia que ayude a aliviar el dolor, o nos podrían explicar cómo podemos llegar desde la calle A hasta la calle B. No hay nada malo en eso, pero así no se llega a casa. Lo que nos llevará a casa es pedir ayuda a alguien, pero sin tomar esa ayuda en serio. Nos tomamos en serio la ayuda en el nivel de los efectos que esa ayuda pueda tener en nuestro cuerpo o en el cuerpo de nuestros seres queridos, pero no la tomamos en serio en el sentido de que sea real. Dos más dos no son cuatro; son cinco, porque nada de este mundo tiene sentido, especialmente el hecho de que parezca tener sentido.
El mundo se basa en leyes que provienen de la creencia en la nada, según la cual hay un pensamiento de separación que da lugar a un mundo de tiempo y espacio que está gobernado por diferentes tipos de leyes: las leyes de la física, química, biología, psicología, desarrollo humano, etc. Todas ellas se derivan de la creencia de que el tiempo y el espacio son reales, la cual se deriva a su vez de la idea de que la separación de Dios es real. Todo esto es en realidad una creencia en la nada —y nada va a venir de la nada. Todo en este mundo es producto de nuestro pensamiento, tal como dicen los físicos cuánticos. Sin embargo, lo que los físicos cuánticos generalmente no dicen es que el pensamiento es la culpabilidad.
Se nos dice que el mundo "es el sistema ilusorio de aquellos a quienes la culpabilidad ha enloquecido" (T-13.in.2:2). El mundo es el "sistema ilusorio" (queriendo decir que es demente, loco) "de aquellos a quienes la culpabilidad ha enloquecido". La culpabilidad es lo que fabricó a este mundo y la culpabilidad es lo que sostiene a este mundo. El perdón es la única cosa que deshará la culpabilidad. El perdón dice que ahí fuera no hay nada que perdonar: tú no me hiciste ninguna cosa a mí. Lo que eso quiere decir es que tú puedes haber herido mi cuerpo o los cuerpos de mis seres queridos, pero tú no me robaste la paz de Dios porque ella está en mi mente y sólo yo tengo el poder de expulsar la paz de Dios lejos de mí. Pero cuando digo que la expulsé lejos de mí porque tú me golpeaste, me humillaste, abusaste de mí, me abandonaste, me insultaste, me robaste, o lo que sea, lo que estoy diciendo es que no tengo el poder de expulsar la paz de Dios lejos de mí. Entonces debe ser que no tengo una mente. Eres tú quien tiene el poder, entonces. De hecho, tú tienes el poder y lo estás usando. Tú me robaste la paz de Dios. Esa es la mentira.
El mundo del dos-más-dos-son-cuatro nos diría que sí, que eso es lo que la gente hizo, y se centra en mirar el efecto que eso produjo. Eso produjo un efecto sobre el cuerpo, pero el cuerpo no existe. El cuerpo es una proyección de un pensamiento que nunca ocurrió. Insisto otra vez en eso porque esa es la única manera para que el preguntador salga del lío. Así que si quieres ayudar del todo a alguien, tienes que decirle que lo que te estoy diciendo es cierto. Que es la única manera de salir del lío. No hay esperanza en este mundo. El mundo no fue hecho para ofrecer esperanza. ¿Por qué? Porque la esperanza reside únicamente en la mente tomadora-de-decisiones. Ahí es donde está la esperanza porque es ahí donde está el problema. Cuando nos sacamos a nosotros mismos de la mente y nos colocamos a nosotros mismos en el sueño como una figura soñada, como un cuerpo en un mundo, nos estamos privando a nosotros mismos de la mente, lo cual quiere decir que estamos cortando la única fuente de esperanza que existe.
Este Curso, lo repito, es la única cosa que yo conozca que ofrece verdadera esperanza porque nos lleva de regreso a la mente, al enseñarnos por qué hicimos el mundo al principio de todo, por qué luego seguimos viniendo a este mundo, por qué seguimos argumentando en favor de este mundo, por qué incluso llegamos a pensar que Un Curso de Milagros trata sobre vivir en este mundo y que Jesús nos va a decir algo. ¿Qué podría él decirnos en nombre de Dios excepto que somos el Nombre de Dios? Eso es lo que él nos diría. Él no habla con nosotros. Eso es una alucinación auditiva. Eso podría ser de gran ayuda si llevara a la gente más allá de la alucinación, y a medida que crezcan se conviertan como él, como en el poema de Helen "Una oración de Jesús": la gente te mira y ve a Jesús en lugar de a ti (The Gifts of God, pages 82-83). En ese caso la voz es de ayuda porque conduce más allá de sí misma.
Dios, el Espíritu Santo y Jesús no hablan de cosas concretas. El amor es no-específico. Nosotros lo traducimos en algo específico. Eso puede ser un símbolo de la mente-correcta y ser de gran ayuda, pero tenemos que usar el símbolo para volver a la fuente. Recordemos un par de versículos de la lección 161: "El odio es algo concreto. Tiene que tener un blanco" (L-161.7:1-2). Un poco antes se dice: "Así fue como surgió lo concreto" (L-161.1:3). Eso se refiere a por qué se hizo el mundo. Hicimos un mundo de cosas concretas para mantenernos anclados en un sistema de pensamiento de detalles concretos. Hay un Hijo concreto que atacó a Su Padre concreto —ahora ya tenemos dos objetos/pensamientos concretos.
Por eso el Curso dice: "El mundo se fabricó como un acto de agresión contra Dios" (L-pII.3.2:1). Es una proyección del pensamiento de ataque —que estamos mejor fuera del Amor de Dios. Por lo tanto, hicimos un mundo opuesto al Cielo. Hicimos un ser opuesto al Cristo que somos. El Cielo es abstracto, lo que significa que es no-específico y no-dualista, y enconces fabricamos mundos concretos, cuerpos concretos, problemas concretos, necesidades concretas, el oír voces concretas diciéndonos cosas concretas —todas las cuales hacen real el mundo de los detalles concretos. De esa manera nunca llegaremos a casa. Usemos las cosas concretas para dirigirnos hacia lo no-concreto. Eso es diferente, pero no ha de confundirse el símbolo con la fuente.
El Curso nos enseña que el propósito del tiempo es enseñarnos que no existe el tiempo. El propósito de los detalles concretos es enseñarnos que no hay detalles concretos en el Cielo. El propósito de estar en el mundo es aprender que no hay mundo. Para la mente-correcta el propósito de estar en un cuerpo es aprender que no somos cuerpos. El Libro de Ejercicios dice una y otra vez: "No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó" (L-201-220). Dios nos creó como espíritu. Y cuando creemos ser algo diferente a eso, es porque creemos que somos una mente separada. Somos siempre una mente separada, nunca un cuerpo separado. Esa es la ilusión, la mentira. "Nada es tan cegador como la percepción de la forma". La percepción ve el símbolo. Ve la forma y se detiene ahí. No va más allá de la forma. El Curso nos enseña a utilizar las palabras, los cuerpos y las relaciones como una manera de ir más allá de ellas. No ha de confundirse el símbolo con la fuente.
Un símbolo representa algo o simboliza algo que no puede expresarse de ninguna otra manera. El amor no puede expresarse aquí. El amor es perfecta unidad. El Curso dice que el perdón es el reflejo del amor del Cielo. Es el equivalente terrenal del amor, pero no es el amor. El reflejo de la unidad del amor del Cielo es la igualdad de la Filiación, y en ese reconocimiento de que todos somos lo mismo no hay juicio. ¿Cómo puede uno juzgar lo que es lo mismo? Uno puede juzgar solo lo que es diferente. "El amor no hace comparaciones" (L-195.4:2) porque el amor es perfecta unidad. El amor del ego está todo el tiempo comparando, todo el tiempo. Así es como sabes que es el ego.
Una vez más, lo que hace difícil este Curso es su naturaleza inflexible, pero en eso mismo se halla también la esperanza de este Curso; ahí es donde está la salvación; y eso es porque esto requiere un montón de trabajo duro. Hay una serie de pasajes que son muy reconfortantes. Uno de ellos nos dice: "No temas que se te vaya a elevar y a arrojar abruptamente a la realidad" (T-16.VI.8:1). No ocurre así. Hay un pasaje aún más intenso en el capítulo 27: "Mas ese sueño es tan temible y tan real en apariencia, que él no podría despertar a la realidad sin verse inundado por el frío sudor del terror y sin dar gritos de pánico, a menos que un sueño más dulce precediese su despertar y permitiese que su mente se calmara para poder acoger —no temer— la Voz que con amor lo llama a despertar (...)" (T-27.VII.13:4). Tenemos que proceder por etapas. Nosotros no vamos desde el ser al Ser. El ser se transforma. Algunas veces en el Curso Jesús nos dice que el Espíritu Santo no nos arrebata nuestras relaciones especiales, sino que las transforma (ver por ejemplo T-17.IV.2:3).
Nos transformamos desde un ser culpable, enojado y deprimido hasta convertirnos en un ser tranquilo. Nuestra percepción se transforma desde una percepción en la que se ve a todos como diferentes, unos buenos y otros malos, hasta una percepción que ve a todos como iguales. Esto es todavía dentro de la ilusión, pero es la manera de salir de la ilusión. Es lo que el Curso llama el sueño feliz (T-18.V). No tiene nada que ver con nada físico. Los sueños felices son aquellos sueños apacibles que preceden nuestro despertar, llevándonos al punto desde el cual podemos despertar porque ya no estamos tan asustados. Nos transformamos gradualmente pasando de un ser de mente-errada hasta un ser de mente-correcta. El ser de mente errada ataca, juzga y hace diferencias. El ser de mente-correcta perdona, mira más allá del pecado hasta ver el error, y mira más allá del error hasta contemplar la verdad. Ve a todos como lo mismo, como iguales. El ser de mente-correcta no juzga, y si hubiera un acto de juicio, el ser de mente-correcta no juzga esa decisión. En el estado de mente-correcta somos pacientes, dulces y amables con nuestros propios egos, lo cual nos permite ser pacientes, dulces y amables con el ego de los demás. Ser más pacientes y amables con los egos de los demás refuerza nuestra paciencia y amabilidad con nosotros mismos.
Esto requiere un montón de práctica y trabajo duro. Tenemos que mirar cada pensamiento egoico que tenemos y no justificar ninguno de ellos ni sentir culpabilidad por ellos, ni castigarnos a nosotros mismos, sin importar lo grande o pequeño que ese pensamiento pueda ser. El Curso dice dos veces que una leve punzada de molestia es una máscara encubriendo una intensa furia (L-21.2 y M-17.4).
Llegamos a creer que los pensamientos egoicos nos sirven de defensa. Nos sentimos culpables porque nos hemos desprendido del amor. Esto dejó un vacío dentro de nosotros, una carencia que tenemos que llenar tomando lo que podamos del exterior, ya sea mediante relaciones de amor especial que satisfagan nuestras necesidades, o mediante robar la inocencia de otros lo cual hacemos atacándolos, dándoles así nuestra pecaminosidad y arrebatándoles su inocencia porque es uno o el otro. Todo esto ocurre simplemente porque nos volvimos temerosos del amor, porque en la presencia del amor no existimos. Por lo tanto nos alejamos del amor para protegernos a nosotros mismos. Preservamos este ser al tomar nuestro pecado y nuestra culpa para proyectarlos sobre los demás. Eso es lo que hacemos a lo largo de todo el día.
Nos damos cuenta de que hay un propósito en estar enfadados, en hacer juicios y en sentirnos mal con respecto a nosotros mismos. Nada de esto sucede por casualidad. La razón o el propósito es escapar del terrible peso de la culpa, no viéndola en nosotros mismos sino en otros. "El odio es algo concreto" (L-161.7:1). Tiene que haber alguien ahí fuera que nosotros podamos odiar, y puesto que no hay nadie ahí fuera, tenemos que inventar una persona, o inventar algo. Por eso es por lo que andamos por este mundo estando enfadados, siempre haciendo juicios, siempre estando nerviosos, siempre estando temerosos, siempre haciendo comparaciones —siempre buscando algo fuera que llene este agujero que creemos tener dentro.
El ego nos dice que si vamos dentro desapareceremos en el Corazón de Dios y nuestro ser dejará de existir. Por eso, una vez más, necesitamos dar pasos suaves. No vamos del ser al Ser, sino que transformamos el sentido que tenemos del ser. El proceso para lograr eso implica aprender a ver a todos como iguales, y luego perdonarnos a nosotros mismos cuando no vemos la igualdad sino a todos como diferentes.
Recuerda, esto no es un Curso sobre hacer; es un Curso sobre deshacer. Simplemente nos mantenemos mirando, y si seguimos mirando, con el tiempo aprenderemos a no tomar al ego tan en serio. Aprenderemos a no darle al ego poder sobre nosotros. Nos daremos cuenta de que tenemos poder sobre el ego y seremos mucho más indulgentes con nuestros errores. Diremos: "Simplemente estaba asustado. No es para tanto, no tiene tanta importancia. Esto no significa que esté haciendo mal el Curso". Hay un solo ego, un único sistema de pensamiento egoico, así que siempre estamos haciendo la misma cosa una y otra vez. Lo que importa es la actitud que tenemos hacia el ego.
T-15.IV.9:1-2 — La transformación es un proceso
Siempre me agrada leer esta cita tan reconfortante del Texto:
"La condición necesaria para que el instante santo tenga lugar no requiere que no abrigues pensamientos impuros. Pero sí requiere que no abrigues ninguno que desees conservar" (T-15.IV.9:1-2).
Esto no quiere decir que deberíamos estar libres de pensamientos egoicos. No estamos yendo desde el ser totalmente egoico hasta el ser totalmente sin ego. Eso es el final del viaje, pero es un viaje. Lo que también indica esto es que se trata de un proceso de transformación gradual y suave. No se dice que no deberíamos tener pensamientos egoicos, pensamientos impuros. Por supuesto que vamos a tener pensamientos impuros: pensamientos de separación, ataque, etc. Pero la condición sí requiere que no tengamos ninguno que queramos mantener, lo que significa no ocultárselos al Espíritu Santo ni a nosotros mismos. No podemos tratar de justificarlos, racionalizarlos, espiritualizarlos o negarlos. Simplemente hemos de reconocer que nos hemos vuelto temerosos del amor en ese momento, y que la única manera que vemos de preservarnos a nosotros mismos en presencia del amor —al que hemos juzgado como temible— es atacar, estar deprimidos, enfermarnos, sentirnos cansados, correr tras esta o aquella adicción, y así sucesivamente. Simplemente tenemos que darnos cuenta de lo que estamos haciendo. Eso es todo.
Otra frase que siempre cito tiene que ver con aprender a estar más allá del sufrimiento. Esa frase dice que la manera de ir más allá del sufrimiento es ver el problema tal como es, y no de la manera en que lo hemos urdido (T-27.VII.2:2). No se nos pide que dejemos correr el problema. No se nos pide que nos convirtamos en una persona sin ego en un abrir y cerrar de ojos. Si queremos acabar con el sufrimiento, lo único que necesitamos hacer es ver el problema tal como es, no de la manera en que lo hemos urdido. La manera en que lo hemos urdido es que hemos sacado el problema de su fuente, la cual es nuestra mente con su decisión a favor del ego, y lo proyectamos hacia fuera sobre un símbolo, el cuerpo. Así es como hemos urdido el problema, y de ese modo nunca será resuelto. Nunca será resuelto porque hemos sacado el problema de su fuente.
Ver el problema tal como es es ver que nos hemos vuelto temerosos del amor, por lo que lo echamos fuera. Echamos fuera el símbolo del amor: Jesús, el Espíritu Santo, o cualquier otro símbolo que hayamos elegido. Echamos fuera al amor y luego sentimos culpa, porque eso es una reminiscencia del "pecado original" cuando todos echamos al Amor de Dios fuera. En lugar de ver el problema tal como es, proyectamos el problema sobre alguna cosa o lugar en el que el problema no está. El problema está en nuestra mente, así que lo proyectamos sobre un cuerpo, donde no existe el problema. Lo proyectamos sobre un mundo de cuerpos donde el problema no existe.
Todo lo que se nos pide es mirar eso y decir: "Sí, esto es lo que he hecho, y lo hice porque tengo miedo del amor". No es ninguna novedad. No tenemos que negarlo, racionalizarlo o justificarlo. No tenemos que hacer nada. Sólo decimos que eso es lo que hemos hecho. Todos estamos asustados del amor, de lo contrario no habríamos nacido en cuerpos. ¿Y qué? Es eso lo que queremos aprender a decirle al ego: ¿¡Y qué!?
Hay otro espléndido pasaje que compara todas nuestras relaciones especiales con "plumas arrastradas sin rumbo por el viento" (T-18.I.7:6). Jesús nos dice que dejemos que el viento se las lleve a todas (T-18.I.8:1) porque no son nada. Eso es lo que ellas tienen en común. Todas ellas son como plumas. Ninguna de ellas es nada. Parecen ser diferentes —diferentes formas, colores y texturas— pero todas ellas son lo mismo porque no son nada. Ellas no son nada; pretenden ser la causa de nuestros problemas, pero ellas son literalmente nada. Sin embargo, en la medida en que pensemos que somos algo, lo somos, así que tenemos que usar los demás "algos" del mundo para aprender que ellos no tienen ningún poder sobre nosotros.
No es útil decir solamente que somos ilusiones. Sé que he pasado una buena parte del día diciéndoos que no estáis aquí [risas], pero yo no soy tan sutil como Jesús. Lo verdaderamente importante de decir es que lo que es ilusorio es que algo por ahí fuera pueda hacernos felices o infelices. Eso lo podemos aprender. Cuando nos encontramos cada mañana en nuestro cuarto de baño y vemos la imagen en el espejo con la cual nos identificamos, de ningún modo tenemos que creer que no somos cuerpos. Es muy importante saber eso intelectualmente, pero en el nivel de nuestra experiencia no es muy útil, y a nivel práctico no tiene sentido. Lo que tiene sentido, sin embargo, es que podemos aprender que "nunca estoy disgustado por la razón que creo" (L-5). No es culpa de algo o de alguien más que no experimentemos la paz de Dios en este mismo momento, independientemente de lo que se nos haya hecho. Sin importar lo que un microorganismo pueda haber hecho en el cuerpo hasta enfermarlo, no es debido a eso por lo que no sentimos la paz de Dios. Eso lo podemos aprender.
Por lo tanto, la ilusión dentro de nuestra existencia ilusoria aquí es que el mundo nos ha hecho esto (sea lo que sea el "esto"). El mundo no nos ha hecho eso. Nos lo hemos hecho nosotros mismos. Cerca del final del capítulo 27 aprendemos que "el secreto de la salvación no es sino éste: que eres tú el que se está haciendo todo esto a sí mismo" (T-27.VIII.10:1). No somos responsables del ataque que nos hacen otros egos. Eso es su responsabilidad, pero de lo que sí somos responsables es de percibirlo como un ataque que nos ha robado nuestra paz. Eso es lo que podemos aprender y lo que lleva un montón de trabajo, pero es factible. Es posible. Esa es la transformación. No es el mundo lo que se transforma. ¿Cómo podría la nada ser transformada? Es nuestra percepción la que debe transformarse, y la transformación es un proceso suave que nos lleva desde el punto en el que hemos hecho del símbolo algo de suma importancia, hasta el punto donde nos damos cuenta de que el símbolo no es tan importante. Es la fuente la que es importante porque es la que nos da el poder, el auténtico poder. Es ese suave y amable cambio gradual el que transforma el mundo a nivel de nuestra percepción.
Las personas no son amables en este mundo. Yo siempre digo que las personas amables no vienen aquí; se quedan en casa con Dios. Las personas culpables vienen aquí; las personas temerosas vienen aquí; las personas furiosas y depravadas vienen aquí; las personas crueles y despiadadas vienen aquí; las personas locas vienen aquí. Las personas amables no vienen aquí, así que, ¿qué tiene de raro el que ahí fuera haya personas que nos ataquen? Sabemos que las personas que ocupan un cargo público mienten y engañan. ¿Qué tiene eso de novedoso? Que haya personas que nos roban, que nos mienten en los negocios y que nos mienten en nuestras relaciones no es noticia. Ahora bien, si hubiera una persona que fuera íntegra y verdaderamente honesta, eso sí sería noticia. El último escándalo, mentira o engaño se vuelve algo aburrido al poco tiempo.
Una vez más, no queremos cambiar el mundo: "No trates de cambiar el mundo, sino elige más bien cambiar de mentalidad con respecto al mundo" (T-21.in.1:7). El proceso es una transformación gradual que consiste en dar menos importancia a lo que está ahí fuera como una fuente de dolor y rechazo o como una fuente de felicidad y placer, y dar más importancia a lo que está dentro, en nuestra mente. Hacemos eso gradualmente porque el miedo a perder nuestro ser individual es muy grande. Hicimos el mundo literalmente —literalmente hicimos el mundo— como un único Hijo colectivo para preservar la individualidad de la mente separada. No lo hicimos para ocultarnos de Dios. Eso es lo que el ego nos dijo, pero la verdadera razón por la que lo hicimos fue ocultar nuestra mente para que así no la cambiáramos. Esto es algo realmente importante de entender. Es el significado de la cita que dice: "No es de la crucifixión de lo que realmente tienes miedo. Lo que verdaderamente te aterra es la redención" (T-13.III.1:10-11).
No tenemos miedo de la crucifixión. Amamos la crucifixión. Fue ella la que nos dio nuestra existencia en primer lugar. El cristianismo se basó en sus muchas ramas religiosas en la crucifixión, el sacrificio y el sufrimiento. Lo que de verdad nos aterra es la redención que se encuentra en nuestra mente tomadora-de-decisiones, que eligió al ego pero que ahora puede elegir al Espíritu Santo como su maestro. De eso es de lo que tenemos miedo. Por eso es por lo que fabricamos el mundo de los cuerpos —para privarnos de la mente. Entonces fabricamos todos los tipos de problemas, para devorar nuestra atención.
Hemos pasado eones (como diferentes sociedades a lo largo de la historia) tratando de entender los problemas que nos aquejan y después eones en intentar resolverlos. Es una situación de ciegos guiando a ciegos porque confundimos el símbolo con la fuente. Ni siquiera sabemos que hay una fuente. Los problemas no pueden ser resueltos externamente porque en cuanto resolvemos uno, el problema real de la culpa en nuestra mente genera otro problema. Eso es lo que las lecciones 79 y 80 dicen muy claramente. Resolvemos un problema y surge otro para tomar su lugar porque el problema no está en el mundo; no está en los símbolos. Está en lo que los símbolos representan. Queremos que haya problemas para que nuestra atención esté siempre dirigida hacia y atrapada por el mundo exterior, el mundo sin-mente. Así que nunca regresamos a la consciencia porque entonces cambiaríamos nuestra mente. Por lo tanto, necesitamos un proceso que cambie gradualmente la manera como miramos el mundo y el uno al otro, y lo hacemos gradualmente porque tenemos mucho miedo.
Pensaba concluir con la lectura de otro de los poemas de Helen, titulado "Transformación" (The Gifts of God, p. 64). Es un poema muy agradable. No entraré en todas las circunstancias de su escritura, pero fue transcrito en tiempo de Pascua, por lo que hay una alusión a la Pascua al final. En pocas palabras, ocurrió cuando Helen y yo, junto a un sacerdote amigo nuestro, estuvimos visitando a un grupo de monjas que vivían en la parte más baja de la cara este de Manhattan. Era Domingo de Ramos y también la Pascua judía, así que hicimos una combinación entre Séder de Pésaj y Domingo de Ramos. Terminamos de comer y, antes de ir a la misa en la capilla, caímos espontáneamente en un profundo silencio.
Algo ocurrió, y todos nosotros (cinco o seis de nosotros) simplemente nos quedamos muy tranquilos al mismo tiempo. Fue como si el mundo desapareciera, y nosotros simplemente permanecimos de esa manera durante un rato. Yo estaba siempre buscando cualquier excusa para animar a Helen a escribir algún poema, así que durante el camino de regreso a casa le dije que plasmar este incidente sería un poema precioso, y al siguiente día (o dos) Helen escribió este poema. Lo estoy usando como cierre de este taller porque describe eso de lo que estaba hablando antes, especialmente al final cuando el mundo se transforma: "Lo pequeño aumenta de magnitud, mientras que lo que parecía grande disminuye hasta la pequeñez que es su causa. Lo oscuro se vuelve brillante, y lo que antes era brillante titila, se oscurece y finalmente desaparece". Estas palabras son acerca del cambio: el mundo no desaparece de inmediato, sino que lo que comienza a cambiar es la manera en que nosotros miramos. Lo que antes parecía grande se refiere al mundo, el mundo de los símbolos, y lo que parecía pequeño se refiere a la mente. De hecho, la mente era tan pequeña que ni siquiera sabíamos que existía. Eso empieza a cambiar, y lo que parece ser tan pequeño, insignificante o inexistente, la mente, lentamente comienza a ir asumiendo una mayor magnitud. Nos volvemos conscientes de que esta es la fuente. Por esta es por lo que estamos disgustados o molestos. Por esta es por lo que estamos en paz. Lo que parecía ser tan importante y eficaz en todo lo que sentíamos empieza a menguar en importancia porque ya no confundimos el símbolo con la fuente. Ahora usamos el símbolo como una manera de regresar a la fuente.
Obviamente, este poema refleja esa experiencia con las hermanas, pero habla de este cambio repentino, y llegar al punto de que eso suceda requiere trabajo. Esa es la idea. Tenemos que hacer el trabajo diario de mirar realmente a todo de una manera diferente. Y aunque podamos estar todavía enfadados, deprimidos o excitados por los eventos o las cosas, no justificamos nuestros sentimientos, dándonos cuenta de que sí, esto es lo que estoy experimentando, pero esto no es realmente así. Vemos el problema tal como es —el cual es realmente la decisión de la mente de ser un ego— y no de la manera como lo hemos urdido —lo cual es cambiando el problema desde la mente hasta el mundo, y dando al mundo poder causativo para hacernos felices o tristes. Reconocemos que ese poder radica solamente y siempre y únicamente en nuestra mente.
Este poema, una vez más, representa este cambio. Finaliza con un símbolo de la resurrección de Pascua porque fue escrito en tiempo de Pascua, pero en el Curso la resurrección no tiene nada que ver con la historia bíblica. La resurrección es el despertar del sueño de la muerte.
T-31.I.2-4 — Cansancio, resistencia y motivación
Pregunta: Dado que el mundo va con cansancio, también hace que la práctica de Un Curso de Milagros me parece que cuanto más se avanza y se practica, y cuanto más se desapega uno del mundo, más difícil es mantener cualquier tipo de interés aquí. Levantarse por la mañana para ir a trabajar es la misma vieja rutina. Incluso con las actividades deportivas, practicas una durante algunos años, te aburres, y luego pasas a alguna otra cosa. Te interesas por una teoría de conspiración, entonces pierdes el interés y encuentras otra. Al practicar con el Curso, ¿cómo podemos lidiar con el cansancio?
Respuesta: La única manera en que podrías conseguir no estar aburrido, desganado y fatigado es tener realmente claro lo que quieres. Si tuvieras claro que tu objetivo es despertar de este sueño e ir a casa, nunca experimentarías tu vida como repetitiva y con cansancio. Verías todo lo que ocurre como una oportunidad de avanzar en tu camino para que un día salgas de aquí, no saliendo fuera del mundo a través de la muerte, sino saliendo fuera por completo de ese sistema de pensamiento. El problema es que tú eres ambivalente con respecto al objetivo, lo cual nos sucede a todos, porque si no fuéramos ambivalentes sobre el objetivo ya lo habríamos logrado. Estamos todavía aquí progresando lentamente con el Curso porque todavía somos ambivalentes en cuanto al objetivo.
P: Dentro del mundo, uno va a la universidad durante tres, cuatro o los años que sean. Uno dedica tiempo a eso, hace su trabajo, obtiene el diploma, lo cuelga en la pared. Así que supongo que todavía estoy esperando obtener mi diploma del Curso.
R: Cuando vas a la universidad tienes un objetivo, que es graduarte. Haces todo lo que tienes que hacer para graduarte porque ese es tu objetivo. Si eres ambivalente sobre el objetivo suspenderás asignaturas, realizarás tareas incompletas, no entregarás trabajos. No harás todo lo que tienes que hacer, porque no quieres alcanzar la meta. Tienes miedo de lo que hay más allá de la graduación, así que simplemente te quedas donde estás. Hay muchos que hacen eso porque tienen miedo de crecer. Una vez que salgan de la universidad habrán crecido y tendrán que valerse por sí mismos en el mundo. Pero si ellos se arrastran lentamente a lo largo de 6, 8, 10, 12 años, es lo más fácil porque son ambivalentes sobre la meta.
Es lo mismo aquí. Todos tenemos miedo de crecer, de graduarnos de este Curso y estar de vuelta en casa con Dios. Somos ambivalentes con respecto al objetivo porque deseamos nuestra individualidad y nuestro especialismo. Por eso holgazaneamos (perdiendo el tiempo, caminando despacio hacia la meta), y tras un tiempo holgazaneando nos envuelve el cansancio. Es la misma idea que la de la respuesta que Jesús le dio a Helen cuando ella se quejaba de que el Curso no estaba funcionando, que estaba lleno de cansancio —¡basta ya! Jesús le preguntó si ella alguna vez había considerado la posibilidad de que ella no hubiera hecho lo que el Curso dice. Si tu objetivo es estar fuera del sueño, entonces te será imposible no sentir felicidad en tu vida aquí, no debido a algo intrínseco del mundo, sino por las lecciones que estás aprendiendo. Si realmente quisieras graduarte de la universidad y al mismo tiempo aprender, disfrutarías de las asignaturas de la carrera universitaria elegida. Si hubiera una carrera universitaria que no fuera agradable, o que no te ayudara a alcanzar tu meta, no te matricularías en ella. Así que si tu objetivo es salir de este mundo tan rápidamente como sea posible, este Curso te servirá para eso, pero tienes que ser consciente de que, en última instancia, la meta es no estar en un cuerpo, logrando esto no por medio de la muerte, sino por medio de no formar parte de este sistema de pensamiento.
Una y otra vez, lo cual siempre es exasperante, Jesús dice que este es un Curso muy simple, queriendo decir que hay un único problema y una única solución. ¿Qué podría ser más simple? En respuesta a las quejas de Helen de que el Curso era demasiado difícil, Jesús dijo:
(T-31.I.1) ¡Qué simple es la salvación! Tan sólo afirma que lo que nunca fue verdad no es verdad ahora ni lo será nunca. [El problema es que esto significa además que no tenemos razón] Lo imposible no ha ocurrido, ni puede tener efectos. Eso es todo. ¿Podría ser esto difícil de aprender para aquel que quiere que sea verdad? Lo único que puede hacer que una lección tan fácil resulte difícil es no estar dispuesto a aprenderla. ¿Cuán difícil puede ser reconocer que lo falso no puede ser verdad, y que lo que es verdad no puede ser falso? Ya no puedes decir que no percibes ninguna diferencia entre lo falso y lo verdadero. [Recuerda, esto se dice en el capítulo 31, tras tres años de dictado, por no mencionar todos los mensajes personales] Se te ha dicho exactamente cómo distinguir lo uno de lo otro, y lo que tienes que hacer si te confundes. ¿Por qué, entonces, te empeñas en no aprender cosas tan sencillas como éstas?
Ahora bien, esta es la más suave reprimenda que uno puede recibir; pero la cosa se pone un poco peor:
(T-31.I.2:1-2) Hay una razón. Pero no creas que es porque las cosas simples que la salvación te pide que aprendas sean difíciles.
Una manera de distinguir lo que es falso de lo que es verdadero en este mundo es que todo lo que te separa de cualquier persona es falso, y todo lo que te permita decir que todos somos lo mismo es verdadero. La verdad de que todos somos lo mismo es un reflejo de la verdad de la Unidad del Cielo.
(T-31.I.2:3-4) La salvación sólo enseña lo que es extremadamente obvio. La salvación simplemente procede de una aparente lección a la siguiente, mediante pasos muy sencillos que te llevan dulcemente de una a otra, sin ningún esfuerzo.
El esfuerzo que todos sentimos es nuestra resistencia. Si tu coche va a 100 o 115 kilómetros por hora, no hay tensión en el motor. Simplemente va. Pero si tienes puesto el freno de emergencia, el motor estará soportando mucha tensión (esfuerzo). Si continúas conduciendo con el freno de emergencia echado, estropearás el motor y los neumáticos, pero el problema es el freno, no el coche. El motor está bien. Y, en fin, algo así es lo que todos estamos haciendo. El Curso nos puede conducir velozmente a casa. ¿Qué podría ser más fácil? Lo que es verdad es verdad; lo que es falso es falso. ¡Eso es todo! El Curso es increíblemente consistente de principio a fin con respecto a este punto. El problema es que tenemos miedo, debido a que "lo que es falso es falso" es nuestra identidad. "Lo que es verdad es verdad" es nuestra verdadera Identidad. Nos aferramos a nuestra falsa identidad, este especialismo, este cuerpo, y eso es el freno. Por eso es por lo que hay esfuerzo.
(T-31.I.2:5-6) Esto no puede crear confusión, y, sin embargo, estás confundido. Pues de alguna manera crees que es más fácil aprender y entender lo que es totalmente confuso.
Lo que es totalmente confuso es el sistema de pensamiento del ego, que está tratando de decirnos que lo que es verdad es falso, y que lo que es falso es verdad. Eso es bastante confuso, y todo esto es porque queremos este ser. Si lees el Curso como un cuerpo, te confundirás porque creerás que todo lo que dice es acerca del cuerpo y del mundo. Te confundirás con respecto a lo que dice y lo distorsionarás; y por lo tanto no alcanzarás los beneficios que se derivan del Curso. Pero si te das cuenta de que el Curso va sobre la mente, entonces serás consciente de que cualquier dificultad que tengas es porque estás apreciando tu cuerpo y tus experiencias aquí como una persona. No puedes culpar al Curso, porque te repite una y otra vez constantemente que se trata de la mente, no del cuerpo o del mundo. Nos confundimos con respecto a lo que dice y nos resulta difícil hacer lo que dice porque estamos conduciendo con el freno echado.
(T-31.I.2:7) Lo que te has enseñado a ti mismo constituye una hazaña de aprendizaje tan gigantesca que es ciertamente increíble.
Esto es realmente importante. Es la cúspide del punto que Jesús nos quiere proponer aquí —por eso está agitando amablemente su dedo mientras nos dice: "No estás siendo honesto. No me digas que no puedes aprender este Curso. Mira lo que has aprendido".
Repito que lo que nos hemos enseñado a nosotros mismos es que lo que es falso es verdad y lo que es verdad es falso. Nos hemos enseñado a nosotros mismos todo este enrevesado, intrincado y complicado sistema de pensamiento del ego. No solo eso, luego hicimos un mundo y lo dominamos. Sabemos cómo vivir en este mundo. Sabemos cómo vivir con nuestros cuerpos. Sabemos qué hay que hacer para que nuestros cuerpos sobrevivan. Es muy complicado. Eso no es así en el Cielo, ya que el espíritu no hace nada; el espíritu simplemente es. En este mundo tenemos que hacer un montón de cosas para sobrevivir, físicamente solo para mantener el cuerpo en marcha, y después psicológicamente solo para mantener el cuerpo en condiciones emocionalmente. Lidiar con las relaciones es extraordinariamente complicado, pero todos somos maestros en eso. Somos maestros de la culpa; somos expertos (maestros) en ser una víctima.
(T-31.I.3:1) Nadie que entienda lo que tú has aprendido, con cuánto esmero lo aprendiste, y los sacrificios que llevaste a cabo para practicar y repetir las lecciones una y otra vez, en toda forma concebible, podría jamás dudar del poder de tu capacidad para aprender.
No hay un poder más grande en todo el mundo. La "capacidad para aprender" de la que Jesús está hablando es realmente el poder que tiene la mente para elegir. Jesús dijo que nadie podría dudar del poder de nuestra capacidad para aprender. Recuerda lo que pasa al vivir en este mundo. Piensa simplemente en lo que pasa al haber hecho este mundo, soñándolo.
(T-31.I.3:2-6) No hay un poder más grande en todo el mundo. El mundo se construyó mediante él, y aún ahora no depende de nada más. [El poder de tu mente para creer en el mundo es el "nada más"] Las lecciones que te enseñaste a ti mismo las aprendiste con tanto esmero y se encuentran tan arraigadas en ti que se alzan como pesadas cortinas para nublar lo simple y lo obvio. No digas que no puedes aprender. Pues tu capacidad para aprender es tan grande que te ha enseñado cosas tan difíciles como que tu voluntad no es tu voluntad, que tus pensamientos no te pertenecen, e incluso, que no eres quien eres.
Recuerda, no hay tiempo. Esto está siendo escrito justo ahora.
(T-31.I.4) ¿Quién podría afirmar que lecciones como éstas son fáciles de aprender? Sin embargo, tú has aprendido eso y más. Por muy difícil que haya sido, has seguido dando cada paso sin quejarte, hasta construir un mundo de tu agrado. Y cada una de las lecciones que configuran al mundo procede del primer logro de tu aprendizaje [El error original de que yo podría estar separado de mi Creador y Fuente, y que podría fabricar un ser y un mundo opuestos al Ser que Dios creó en el Cielo], el cual fue de tal enormidad que, ante su magnitud, la Voz del Espíritu Santo parece débil e inaudible. El mundo comenzó con una extraña lección, lo suficientemente poderosa como para dejar a Dios relegado al olvido y a Su Hijo convertido en un extraño ante sus propios ojos, exiliado del hogar donde Dios Mismo lo había ubicado. Tú que te has enseñado a ti mismo que el Hijo de Dios es culpable, no digas que no puedes aprender las sencillas lecciones que la salvación te enseña.
Esa es la respuesta a la queja de que el Curso no funciona, de que no es práctico y es demasiado complicado. No podríamos pedir nada que sea más simple. Tal como se dice en el Libro de ejercicios, "(...) lo falso es falso y lo que es verdad jamás ha cambiado" (L-pII.10.1:1). El problema es que no queremos aprenderlo.
(T-31.I.2:7-8) Lo que te has enseñado a ti mismo constituye una hazaña de aprendizaje tan gigantesca que es ciertamente increíble. Pero lo lograste porque ése era tu deseo (...).
Ése era tu deseo, lo cual quiere decir que no queremos aprender las lecciones que enseña el Curso, porque si lo quisiéramos, lo haríamos. Mira lo que aprendimos en su lugar. Ese es el punto clave. No creo que haya nadie que discutiera esto pensando que podría salirse con la suya. Este mundo es increíblemente complicado. Basta con que pienses en cómo funciona el cuerpo. El cuerpo es muy complicado, y brillantemente concebido para confundirnos más aún cuando se estropea (se enferma, etc) y entonces necesitamos teorías aún más complicadas para arreglarlo. Esto es interminable. Hicimos microorganismos, como los virus, que sufren mutaciones y que son más inteligentes que las vacunas que nos inyectamos para defendernos de ellos. Esto se vuelve cada vez más increíble, confuso y desesperado. Hicimos el mundo de esa manera, y aprendimos a sobrevivir en él.
Así que Jesús tiene todo el derecho de decir: "No me digas que no puedes aprender lo que estoy enseñándote". La razón por la que no aprendemos esto es que no queremos aprenderlo. Por eso él dice: "Lo lograste porque ése era tu deseo". Una de las características que hacen único este Curso es que se centra en la motivación, la cual por supuesto es un importante término psicológico. Cualquier maestro sabe que es muy frustrante enseñar a alumnos que no están motivados. Y cualquier terapeuta sabe que los pacientes forzosos (por ejemplo los enviados por el juzgado o alumnos enviados por la escuela al psicólogo) son los peores pacientes porque no quieren estar ahí. El tribunal (o alguna autoridad) les ha dicho que tienen que ir. Pero como no están motivados, no aprenderán y no cambiarán.
Así que el gran reto de Jesús como nuestro maestro en este Curso es motivarnos a aprender, y el único modo en que él puede motivarnos a aprender es convenciéndonos de que necesitamos aprender, lo cual significa que necesitamos saber lo miserables e infelices que somos debido a lo que nos hemos enseñado a nosotros mismos. Hay dos frases que al ponerlas juntas quedan así: "Renuncia ahora a ser tu propio maestro. (...) pues no fuiste un buen maestro " (T-12.V.8:3; T-28.I.7:1). Tenemos que admitir que nos hemos enseñado mal y que no nos gusta la manera en que estamos viviendo, pero sin echarle la culpa a las circunstancias externas.
Todos los que estamos aquí podríamos ser dichosamente felices al aprender que no estamos aquí. "¿De qué otra forma puedes encontrar dicha en un lugar desdichado, excepto dándote cuenta de que no estás en él?" (T-6.II.6:1). Darnos cuenta de que no estamos aquí es la cosa más gozosa (alegre) que podemos aprender. En eso es donde está la esperanza. Si no estamos aquí, ¿dónde estamos? Estamos en nuestra mente, y podemos hacer algo con respecto a nuestra mente. Podemos hacer algo con respecto a lo que estamos pensando. Eso nos da esperanza. Eso es lo que nos devuelve nuestro poder, no el poder para dominar, oprimir y mandar, sino el poder de elegir.
Una vez más, Jesús nos está diciendo que no debemos dudar de nuestra capacidad para aprender. Miremos lo que nos hemos enseñado a nosotros mismos. Las leyes de las relaciones especiales son increíblemente complicadas, y pasamos toda la vida tratando de dominarlas. El amor no es complicado. Simplemente amas. No haces distinciones. Amas a todos, sin importar lo que ellos hagan, sin importar lo que digan, sin importar quiénes son.
El especialismo no es así. Con el especialismo te ves obligado a averiguarlo todo. ¿Cuáles son los puntos débiles de esta persona? ¿Cuáles son sus puntos fuertes? ¿Qué quiero conseguir? ¿Cómo lo consigo? ¿Cómo puedo hacer que parezca que no estoy consiguiéndolo cuando en realidad lo he conseguido? ¿Cómo puedo engañarlos? Es muy complicado, pero todos somos muy buenos en eso; ahora es nuestra segunda naturaleza. Empezamos a aprender esto al nacer. ¿Cómo puedo conseguir la atención de mis padres? Lloro. Funciona. Ellos me sostienen y entonces me hacen eructar y me siento bien. Entonces si quiero más atención, consigo tener más gases. Somos buenos en eso, y nunca paramos de eructar. Piensa en lo util que sería ir por la vida sabiendo que todo es simplemente un eructo, y que lo que toda la gente quiere es simplemente ser sostenidos y que les den unas palmaditas en la espalda, y que alguien les diga, ya está, ya está, todo está bien. Sabemos cómo conseguir ese tipo de respuestas de la gente.
No estamos hablando de un simple cuerpo, planeta o sistema solar. Estamos hablando de todo un cosmos. Es extraordinariamente complicado. Los científicos están buscando una explicación simple, la única cosa que lo explique todo. Bueno, ellos no saben dónde buscar. He aquí la única cosa que lo explica todo: el tomador de decisiones eligiendo la culpa. Esa es la explicación, y la verdadera teoría de cuerdas es cómo todas esas cuerdas se unen entre sí y forman un mundo. El agujero negro es el agujero negro de la culpa que se lo traga todo. Esto es muy simple, y la solución es simple. Simplemente miras a eso y recuerdas reírte de lo absurdo que es que un trozo de la viviente y amorosa Unidad de Dios pudiera arrancarse a sí mismo de esa Unidad y declararse él mismo como su propio ser y su propio creador. Pero esto significa renunciar a lo que creemos que es verdad.
Por eso es por lo que al comienzo del capítulo 24 se dice: "Aprender este curso requiere que estés dispuesto a cuestionar cada uno de los valores que abrigas. Ni uno solo debe quedar oculto (...)" (T-24.in.2:1-2). Bueno, todos tenemos una multitudinaria lista de valores, pero el valor esencial es: Yo me valoro. Valoro el sistema de pensamiento que me fabricó. Valoro el sistema de pensamiento de ataque que me protege y me preserva, porque el pensamiento que no perdona, el pensamiento de ataque, "protege la proyección" (L-pII.1.2:3). Mientras yo pueda justificar el odio y la ira que siento contra ti, mi ataque contra mí mismo seguirá estando oculto, protegido, y nunca será sanado. Eso es lo que apreciamos; eso es lo que valoramos. Por eso valoramos el ataque y por eso valoramos el cuerpo. El cuerpo demuestra que existimos.
Por eso es por lo que este no es un curso sobre el cuerpo; es un curso sobre la mente. "Este es un curso acerca de causas, no de efectos" (T-21.VII.7:8). El milagro hace retornar el problema hasta la causa para que así pueda ser cambiada. La magia lleva el problema, la causa, adentro del mundo de los efectos y confunde ambos. La magia dice que el mundo, el cual es realmente el efecto, me ha causado. Soy la víctima; estoy a merced de fuerzas que están más allá de mi control. Por eso la lección 76 es tan importante: "No me gobiernan otras leyes que las de Dios". Creemos que estamos sometidos a las leyes del cuerpo, las así llamadas leyes naturales. Las únicas leyes que nos rigen son las leyes de Dios, las cuales son las leyes del Amor, de la Unidad y de la vida eterna. Si quieres llamarlo una ley, la ley del perdón es el puente que recorre la grieta y nos lleva desde las leyes del mundo y del cuerpo hasta volver a las leyes de Dios. Por lo tanto, lo único que Jesús nos está diciendo es: "No me digas que no puedes aprender mi curso".
Este curso es autosuficiente. A todas las personas siempre les gusta disponer de un truco. Ellas siempre encuentran otra manera de practicar el perdón, otro libro, etc. Pero está todo aquí. No se necesita una secuela que continúe y que enmascare Un Curso de Milagros. El Curso ya viene completo con un maestro —¡y las pilas incluidas! No necesitas conseguir ningún otro material. Su enseñanza es muy consistente y simple. Por eso no la usamos, porque nos gusta lo complicado. "La complejidad forma parte del ámbito del ego" (T-15.IV.6:2). Una vez más, ¿qué podría ser más simple que decir que lo que es falso es falso y lo que es verdad es verdad? Lo que es falso no puede ser cierto, y lo que es cierto no puede ser falso.
Aunque el Curso nos habla de la Unidad del Cielo, nos enseña cómo vivir ese principio de unidad en este mundo al aprender que todos somos lo mismo. "Haz que este año sea diferente al hacer que todo sea lo mismo" (T-15.XI.10:11). Mira a todos como lo mismo porque todos todos tenemos la misma mente. Mira cada situación como lo mismo porque cada situación es parte de nuestra aula de clases, si elegimos aprender de esa situación, o si elegimos aprender las lecciones del perdón. Una vez más, el Curso viene completo con un maestro y un plan de estudios. Nosotros somos el plan de estudios. El aula es nuestra vida, y el plan de estudios son todas nuestras relaciones. ¿Por qué buscar en otra parte? Buscamos en otras partes porque esto es demasiado aterrador, y es aterrador porque es la verdad. Algo en nuestro interior sabe que esto es la verdad, y por eso hemos acogido esto y le hemos dedicado tanto tiempo, pero es también realmente importante reconocer cuán temerosos estamos. Volvemos de nuevo a la idea de la resistencia. Tenemos que observar nuestra resistencia con respecto a por qué no estamos aprendiendo lo que es tan simple.
T-11.IV.5:6 — Entrando en la Presencia de Dios
"Entrando en la Presencia de Dios"
"No puedes entrar en la Presencia de Dios si atacas a Su Hijo" es una frase de la sección "La herencia del Hijo de Dios" en el capítulo 11 del Texto. Es una de esas frases que resumen en sí mismas toda la teoría del Curso. Nos ayuda a entender por qué nos enfadamos, criticamos, juzgamos y encontramos culpa. También en esa sección, y de hecho en la sección anterior así como en muchas otras partes del Curso, se nos enseña que atacar a otros no es diferente de atacarse uno a sí mismo. Culparse a uno mismo es lo mismo que culpar a otros porque, dado que no hay un mundo ahí fuera y que la proyección produce la percepción, cualquier cosa que sintamos con respecto a nosotros mismos la expresaremos a continuación exteriormente. Cualquier cosa que expresemos exteriormente es el resultado directo de lo que estamos sintiendo dentro.
Por tanto, la idea de que no podemos entrar en la Presencia de Dios si atacamos a Su Hijo es cierta tanto en el caso de que nos ataquemos a nosotros mismos, como también es cierta para el caso de cuando atacamos a otros. Nuestro terror a entrar en la Presencia de Dios es el motivo por el que hicimos el mundo en primer lugar, y una de las principales formas de defendernos de ese miedo y privarnos a nosotros mismos de entrar en la Presencia de Dios es atacar. Por eso el Curso nos dice que "el mundo se fabricó como un acto de agresión contra Dios" (L-pII.3.2:1). ¡Eso fue! Todo aquí es un ataque contra Dios: nacer es un ataque contra Dios, tomar una respiración es un ataque contra Dios, porque todo esto hace el cuerpo real, y si somos cuerpos, no somos mentes. Si no somos mentes, no hay manera de que podamos tener acceso al pensamiento que nos lleva a la Mente, la Mente de Dios o la Mente de Cristo. Así que atacamos porque no queremos entrar en la Presencia de Dios.
El cuarto obstáculo para la paz, "El temor a Dios", es una sección maravillosa por muchas razones. Las sub-secciones de "Los obstáculos a la paz" del capítulo 19 del Texto nos llevan a lo largo de un viaje, y cuando llegamos al cuarto obstáculo, la idea es que estamos casi listos para penetrar el velo final —deshacer el obstáculo final y estar en la Presencia de Dios, lo cual realmente es estar en la Presencia de nuestro verdadero Ser. Esa sección final no habla sobre Dios. No es sobre la unidad con la Divinidad o sobre "una Unidad unida cual Una sola"; no se trata de ninguna quimera o fantasía, ni de ideas no-dualistas de tipo presuntuoso. De lo que habla esta sección es del perdón a tu hermano. Eso es lo que hace que el Curso sea tan diferente de cualquier otra espiritualidad. Al mismo tiempo que contiene todas estas ideas sublimes y maravillosas sobre nuestra unidad con Dios, sobre la naturaleza ilusoria del universo físico, y sobre el hecho de que la única realidad es Dios y la Unidad de Dios, nos anima y nos da pautas muy específicas sobre la manera de vivir en este mundo ilusorio. El principio que debe regir nuestra vida diaria aquí es el perdón. Esa es la manera de que logremos nuestra meta final de retornar a lo que en un pasaje se describe como "una Unidad unida cual Una sola" (T-25.I.7:1). La manera de que entremos en la Presencia de Dios es por medio del perdón total a otra persona, sea quien sea ese amor especial o ese odio especial.
En vez de hablar de a qué se parece la Presencia de Dios, lo que el Curso nos dice es cómo alcanzar la Presencia de Dios, cómo volver al lugar del que nunca salimos. El tema de esta clase, No puedes entrar en la Presencia de Dios si atacas a Su Hijo, lo resume todo. Así es como lo hacemos. Esa idea nos da también una manera de entender por qué estamos constantemente atacándonos a nosotros mismos y los unos a los otros. No importa cuántos años hayamos estado estudiando este material y siendo dedicados, sinceros y serios sobre él, eso no nos impide juzgar, encontrar culpa, criticar, enfadarnos; y ciertamente no nos impide tener todos los sentimientos de auto-odio que son auto-ataque o culpa. Esto explica por qué.
Siempre me gusta citar la famosa frase de Hamlet, "Aunque esto sea locura, hay cierto método en ella". Hay un método en nuestra locura. Hay una razón, un propósito detrás de todo lo que hacemos aquí, especialmente para todos nuestros pensamientos de ataque. Esto es un tema importante del Libro de ejercicios, es un tema importante en todo este Curso. Hay esa importante lección, "Abrigar resentimientos es un ataque contra el plan de Dios para la salvación" (L-72). Pues bien, el plan de Dios para la salvación es el perdón. Si estamos albergando resentimientos, es obvio que no estamos perdonando. Abrigamos resentimientos por una razón: no queremos aceptar el plan de Dios para la salvación, el cual es el perdón. La consumación final de ese plan es la aceptación de la Expiación. Inventamos problemas por una razón. Hay una razón, no solo para enfadarnos, sino para ponernos ansiosos, temerosos y deprimidos. Hay una razón para inventar problemas cuando no hay problemas, para inventar un mundo y creer que hay un mundo cuando no hay mundo. Hay una razón detrás de todo eso.
La sección "¿Qué es la paz de Dios?" del Manual para el maestro nos dice muy claramente que cuando nos enfadamos, es como si cayera un telón y entonces la paz de Dios desaparece de nuestra vista (M-20.3). Esta es una afirmación intencional. Nos enfadamos porque no queremos la paz de Dios —queremos que haya un telón, un velo o cortina, algo entre nosotros y la paz de Dios, algo entre nosotros y nuestro entrar en la Presencia de Dios. Por eso nos enfadamos; por eso consentimos todos nuestros pensamientos de especialismo y todas nuestras prácticas de especialismo. Por eso cualquier cosa que hacemos para reforzar el universo fenoménico —para hacer real el mundo físico— es intencional. Una vez más, eso es lo que hace que este Curso sea único.
Muchas otras espiritualidades, especialmente de Oriente, también dicen que el mundo es una ilusión. Pero ninguna de ellas habla de la naturaleza intencional del mundo, por qué hicimos el mundo, por qué elegimos nacer en este mundo, por qué constantemente elegimos tener todos estos pensamientos, por más ilusorios que ellos sean. Hay una razón para todo eso: estamos aterrorizados de la posibilidad de desaparecer en la Presencia que hay más allá del velo. Hay esa maravillosa cita que viene cerca del final del cuarto obstáculo para la paz donde Jesús nos dice: "Juntos desapareceremos en la Presencia que se encuentra detrás del velo, no para perdernos sino para encontrarnos a nosotros mismos; no para que se nos vea, sino para que se nos conozca" (T-19.IV.D.19:1) —no estar más tiempo en el mundo de la percepción, el mundo de sujeto y objeto, el mundo de la dualidad, el mundo de los cuerpos, sino que se nos conozca, lo cual en el Curso es un sinónimo del Cielo o Unidad.
La palabra clave en esa cita es "juntos". "Juntos desapareceremos en la Presencia que se encuentra detrás del velo (...)". Juntos, dice Jesús, tú y yo, y con nosotros, todos nuestros hermanos. La misma sección también dice que levantamos este velo "juntos, o no lo hacemos en absoluto" (T-19.IV.D.12:8; cursivas mías). La persona con la que hacemos esto juntos es cualquiera a la que estemos excluyendo, cualquier objeto de nuestro especialismo, sea de amor especial o de odio especial. Elevamos el velo "juntos, o no lo hacemos en absoluto", lo cual es la corrección del Espíritu Santo para el principio del ego de o uno o el otro. El principio de uno o el otro es lo que establece al ego como una aparente realidad, como una entidad separada. Era uno de dos: o el Amor de Dios y la perfecta Unidad, o nuestra separación y el amor especial, porque no pueden ser ambas opciones a la vez. Cuando decidimos creer en las mentiras del ego, cuando elegimos creer que la "diminuta y alocada idea" de estar separados de Dios fue algo real, y la tomamos seriamente, en ese momento el ego nació. Ese fue el instante en que surgió el principio de uno o el otro. Una de dos: o yo existo, o Dios es.
Pronto en el Texto, Jesús muestra la diferencia entre existencia y ser. Ser es un estado de realidad; existencia es nuestra vida aparente en este mundo. Podemos decir que el ego existe; el espíritu es. Hay una frase en el Libro de ejercicios que dice: «Decimos "Dios es", y luego guardamos silencio» (L-169.5:4). ¿Qué más se puede decir? Dios es, lo cual significa que Dios es perfecto Ser. Ese es el estado de la perfecta Unidad. «Decimos "Dios es", y luego guardamos silencio, pues en ese conocimiento las palabras carecen de sentido». No hay labios para pronunciar las palabras, ni oídos para poder escucharlas, porque todo lo que hay en la realidad es "una Unidad unida cual Una sola", una unidad indiferenciada, que es la manera en que muchos de los místicos se refieren a esa experiencia. No hay comienzo ni final. Hay un hermoso pasaje en el Libro de ejercicios que describe cómo las luces del Cielo se iluminan, y no hay ningún lugar donde una comience y otra termine (L-129.7:5). Todas se vuelven una sola luz, un solo amor, un solo Ser.
Entrando en la Presencia de Dios — Especialismo y separación
"Entrando en la Presencia de Dios" (continuación)
Una vez más, es uno o el otro. O existo yo como un objeto separado, una cosa separada, comenzando como un pensamiento separado en la mente y luego más tarde volviéndose un cuerpo separado, o la alternativa: es Dios lo que hay. Lo uno o lo otro. Dado que creemos que existimos, eso significa que no hay Dios, lo cual desde luego es lo que el ego quiere. Si no hay Dios, ¿cómo podemos entrar en Su Presencia? Eso, por supuesto, es lo que todos queremos. No queremos entrar en la Presencia de Dios porque en esa Presencia no hay individualidad, no hay exclusividad, ni hay especialismo. Únicamente hay "una Unidad unida cual Una sola". Al tener miedo de eso, siempre estamos eligiendo estar separados, y dado que el cuerpo es la encarnación de la idea/pensamiento de la separación, siempre estamos eligiendo hacer nuestros cuerpos reales.
Una de las mejores formas de hacer el cuerpo real es atacar a los demás, para vernos a nosotros mismos como separados de los otros cuerpos. Tú me has herido, tú has abusado de mí, tú me has ridiculizado, tú me has traicionado, tú me has abandonado, tú has sido desagradable conmigo. Hay un "tú" que ha sido el agresor, y un "yo" que es la víctima. Por lo tanto hay separación, y por consiguiente es uno o el otro.
Ver todo como lo mismo es la corrección para la creencia del ego de que todos somos diferentes. El principio de uno o el otro está diciendo que somos diferentes, comenzando con la percepción de que Dios es diferente de Su Hijo, el Hijo es diferente de Su Padre. Eso se traslada a todas las cosas de este mundo con nuestros cuerpos diciéndonos que somos diferentes de los otros cuerpos. No hay dos cuerpos iguales. Incluso los gemelos idénticos acaban no siendo perfectamente iguales. Ellos tendrán personalidades diferentes, gustos y aversiones diferentes, y desarrollarán síntomas diferentes. Aquí nadie ni nada es lo mismo; aquí todos somos diferentes. Uno o el otro.
Pero en el nivel de la mente, en el cual está nuestra verdadera realidad, todos somos lo mismo, y es en ese nivel donde reconocemos la verdad del principio que dice: juntos, o de ningún modo en absoluto. No puedo entrar en la Presencia de Dios a menos que lo haga contigo. Esto no se refiere a que tenga que hacerlo contigo físicamente. Tú podrías haber fallecido hace 30 años, y yo todavía podría tener algún reproche contra ti. Eso es suficiente para mantenerme fuera del Cielo, lo cual es lo que quiero. Esa es la idea clave que subyace a todo en este Curso. No queremos entrar en el Cielo, porque si lo quisiéramos, estaríamos ya en él. Estaríamos ya en él porque ya estamos en él. En otras palabras, despertaríamos del sueño que nos dice que no estamos en el Cielo. "Estás en tu hogar en Dios, soñando con el exilio (...)" (T-10.I.2:1). Aquí todo es un sueño. Estamos en casa en Dios. Esa es nuestra realidad. Nunca nos fuimos. Aún somos el único Hijo de Dios, perfectamente unificados con Él, indiferenciados de Él, pero estamos soñando que estamos en el exilio de la separación, protegidos por la defensa del especialismo.
Así que soy una persona especial con necesidades especiales, y tú eres una persona especial con habilidades especiales que pueden satisfacer mis necesidades especiales. Mis necesidades especiales y tus habilidades especiales se encontrarán, y ese es el "matrimonio hecho en el Cielo", que por supuesto es realmente el infierno, pero nosotros creemos que es el Cielo. Es el Cielo, porque es nuestra versión del Cielo. Nuestra versión del Cielo es la existencia, y no importa si se trata de una existencia feliz o de una existencia miserable. No importa si estamos felices o tristes, vivos o muertos. Si estoy muerto, entonces existo en otro punto, y dependiendo de cuál sea mi sistema de creencias, puedo seguir existiendo después de que mi cuerpo muera. Mientras existimos, todo está en orden, todo marcha bien, todo OK. Eso es el Reino del Cielo para el ego.
El ataque es una manera maravillosa de reforzar nuestra existencia. Tu existencia amenaza la mía, así que tengo derecho a defenderme. Del mismo modo, tú crees que mi existencia amenaza la tuya y entonces crees que tienes derecho a defenderte. La mayoría de las relaciones se mueven en torno a eso. De hecho todas las relaciones giran en torno a eso hasta que nos damos cuenta de en torno a qué giran verdaderamente, y entonces cambiamos de mentalidad y pedimos ayuda. Todas ellas giran en torno a intentar reafirmar nuestra existencia.
Hay una importante sección hacia el final del capítulo 28 titulada "Los votos secretos" que habla de los votos que hacemos los unos con los otros (T-28.VI). El contexto del discurso es la enfermedad, pero el principio funciona con todo lo demás. Todos hacemos un voto —de hecho hay un párrafo que habla de un juramento — que continuamente renovamos los unos con los otros para defender y apoyar nuestra existencia. No importa quién está en la cima, quién triunfa, quién pierde o quién gana. No hay ninguna diferencia, en tanto que estamos ayudándonos los unos a los otros a confirmar la realidad de nuestra existencia aquí como cuerpos, como criaturas separadas. No importa si tú crees que estás en una relación de amor o en una relación de odio, porque son lo mismo. Y son lo mismo en última instancia porque sirven al mismo propósito, y no solo eso, por debajo de ese aparente amor lo que hay es odio subyacente de todos modos. Ellas reflejan un voto secreto, un juramento sagrado, una promesa que nunca romperemos de reforzarnos la existencia los unos a los otros. Al ego no le importa si nos amamos el uno al otro durante 50 años o si nos odiamos el uno al otro durante 50 años, siempre que siga habiendo un "uno al otro".
Esa es otra forma de entender por qué, cuando escribimos nuestro guión como individuos y soñamos nuestro sueño, empezamos nuestra vida física con padres. Ellos son el "otro". En primer lugar, hay dos de ellos. Tienen que ser dos si va a haber un tercero. En algún momento el bebé nace. Ahora hay un "otro" en relación con los otros dos, o con los sustitutos de los padres. Eso no supone ninguna diferencia. Siempre hay un "otro". El bebé no puede sobrevivir sin la ayuda de alguien más. Si no hay alguien más, el bebé muere, porque no va a ser capaz de conseguir comida ni de protegerse a sí mismo. Por lo tanto, en el sistema está incluido el hecho de que hay un "otro". Eso es lo que creemos sobre nuestro nacimiento físico, pero es solo una reconstrucción del nacimiento del ego.
El ego nace a raíz de su oposición a Dios. Es por eso que el Curso aborda el problema de la autoridad. Aquí todo el mundo tiene un problema de autoridad. ¿Quién es el autor de mi existencia? Dios y el ego, desde el punto de vista del ego, están luchando por la autoría de nuestra existencia. Y evidentemente el dios que está luchando es solo una proyección del ego, porque el verdadero Dios ni siquiera sabe que nos fuimos, porque no nos fuimos. Siempre tiene que haber alguien en la oposición.
El ego surgió de su creencia de que él estaba en oposición a Dios y de que Dios está en oposición con nosotros. Uno o el otro. Hay una cita del Manual para el maestro que dice: "No creas que Él se ha olvidado" (M-17.7:4). Dios nunca se ha olvidado de nuestro pecado. Así que Él, el padre enfadado, "persigue a su hijo culpable. Mata o muere (...)" (M-17.7:10-11). Uno o el otro. Ese es el fundamento ontológico de cualquier cosa que haya acontecido jamás. La totalidad del universo físico, abarcando miles y miles de millones de años —no solo nuestro sistema solar ni solo nuestra galaxia— surge de la proyección de ese único pensamiento de uno o el otro. Nosotros (el único Hijo) nos opusimos a Dios al abandonarle y decirle, en definitiva, que Su Amor no era suficiente, y que queríamos algo más que el Todo. Luego proyectamos esa idea hacia fuera y creímos que Dios ahora estaba abandonándonos y que estaba enfadado con nosotros. Esa es la eterna batalla de la que tratamos de escapar; pero nunca escaparemos. No podemos escapar porque el recuerdo de eso está siempre ahí: "No creas que Él se ha olvidado". Dios nunca se olvidará de lo que hicimos.
Eso es lo que continuamente nos impulsa a hacer real el mundo. La pregunta que la gente a veces se hace es: ¿por qué la gente sigue viniendo aquí? ¿Es que no saben lo que se van a encontrar? ¿No se acuerdan de lo horrible que era? ¿Quién quiere pasar otra vez por la adolescencia? ¿Quién quiere luchar con todas estas relaciones horribles? ¿Quién quiere experimentar el dolor de hacerse viejo y luego morir? ¿Quién quiere hacer eso? ¿Por qué seguimos haciéndolo? Bueno, no es que nos olvidemos. Lo recordamos sobradamente. Queremos el sufrimiento, el dolor, el Sturm und Drang de nuestras vidas. Queremos el conflicto, porque el conflicto es lo que demuestra que existimos. Eso es lo que la gente no entiende. Recordamos nuestro propósito. Nos gusta ser individuos, motivo por el cual Jesús nos llama constantemente dementes. Nos olvidamos del dolor —no del dolor físico y psicológico: ese lo recordamos y nos encanta. Nos encanta el hecho de que estamos aquí. Lo que olvidamos es el dolor de estar separados, lo costoso que es para nosotros. Ese momento fugaz del placer de decirle a Dios que se largue, creyendo que nos salimos con la nuestra, y entonces fabricar un mundo entero para apoyar el hecho de que nos salimos con la nuestra, un mundo que nos sostuviera —y nos olvidamos de la agonía. No hay palabras en ningún idioma que puedan verdaderamente expresar la punzante agonía y dolor de estar separados. Lo único que sabemos es que apreciamos nuestra existencia, y estaríamos encantados de morir, y de hecho morimos una y otra vez, para apoyar-sostener-mantener-continuar esa existencia.
Lo que tenemos que hacer con este Curso es permitirnos a nosotros mismos elevarnos por encima del campo de batalla y mirar de nuevo con Jesús hacia abajo a este mundo para ver a qué se parece realmente. Por eso hay tantos pasajes en el Curso que hablan de a qué se parece el mundo. En el Curso se habla muy poco de a qué se parece el Cielo, pero se habla mucho de a qué se parece el mundo y a qué se parece la vida en el cuerpo. El comienzo del capítulo 13 es uno de esos pasajes incisivos que describen esto. El pasaje empieza con la línea que dice: "El mundo que ves es el sistema ilusorio de aquellos a quienes la culpabilidad ha enloquecido" (T-13.in.2:2). Esa culpabilidad se refiere al sentimiento de culpa por la creencia de que hemos destruido el Cielo. Uno o el otro: si yo existo, el Cielo tiene que ser destruido. Después Jesús describe a qué se parece el mundo y a qué se parece estar en un cuerpo. Y acaba el pasaje diciendo: "Si este fuese el mundo real, Dios sería cruel" (T-13.in.3:1). Si esto es lo que la realidad realmente es, Dios sería cruel, porque ¿quién crearía un mundo en el que hubiera tanto dolor y sufrimiento? Bueno, la respuesta es obvia: Dios no. Nosotros lo hicimos, y hay un método en nuestra locura, una razón por la que hacemos esto, y la razón es que esto prueba que hicimos posible lo imposible. Esto demuestra claramente que nunca volveremos a casa. Creemos eso porque no queremos volver. No queremos entrar en la Presencia de Dios.
Hay otra importante cita que dice: "El recuerdo de Dios aflora en la mente que está serena" (T-23.I.1:1). Pues bien, no queremos el recuerdo de Dios. Si permitimos que ese recuerdo se abra paso en nuestra conciencia, desapareceremos en él, porque no podríamos soportar el Amor de ese pensamiento si nos permitiésemos experimentarlo. Así que no nos permitimos experimentarlo. Si "el recuerdo de Dios aflora en la mente que está serena", lo único que tenemos que hacer es mantener nuestra mente ocupada. Bueno, el pecado, la culpa y el miedo mantienen a nuestra mente muy ocupada. Después nuestra mente proyecta todo esto fuera, fabricamos un mundo, y entonces estamos constantemente ocupados reforzando el hecho de que hay un mundo aquí. Parece como si nuestros cuerpos estuviesen ocupados. Ellos están siempre haciendo algo. Incluso cuando creemos estar durmiendo, nuestro corazón está latiendo, nuestros pulmones están respirando, nuestro sistema digestivo está funcionando. Cuando estamos despiertos, todos sabemos lo ocupados que solemos estar, no solo con lo que nuestros cuerpos hacen, sino en términos de cómo pensamos. Siempre estamos muy ocupados, y todo esto es intencional porque "el recuerdo de Dios aflora en la mente que está serena".
Si tenemos miedo de esa calma a causa de adónde nos conducirá, simplemente tenemos que mantener nuestra mente y nuestro ser en un perpetuo estado de inquietud, y todos somos muy buenos en la invención de un problema tras otro. Somos expertos en eso, maestros de eso. Solo con la manera en que hicimos al cuerpo tan imperfecto ya tenemos prueba de eso. Siempre tenemos que comer, que respirar, que evacuar. Siempre tenemos que hacer algo, y a medida que envejecemos, las cosas se vuelven más y más problemáticas. Entonces toda la idea de las relaciones entra en un nivel psicológico, y se vuelve casi imposible. Es todo intencional. No queremos entrar en la Presencia de Dios, así que atacamos continuamente a Su Hijo, siendo Su Hijo nosotros mismos y todo aquel que aparezca en nuestra vida. Una vez más, no importa si nos atacamos a nosotros mismos o a algún otro.
T-11.IV.4-5 — Entrando en la Presencia de Dios: culpa y proyección
"Entrando en la Presencia de Dios" (continuación)
El siguiente pasaje habla sobre este proceso:
(T-11.IV.4:5-6) Las fases iniciales de esta inversión son con frecuencia bastante dolorosas [el cambio desde la mente errada a la mente recta], pues al dejar de echarle la culpa a lo que se encuentra afuera, existe una marcada tendencia a albergarla adentro. Al principio es difícil darse cuenta de que esto es exactamente lo mismo, pues no hay diferencia entre lo que se encuentra adentro y lo que se encuentra afuera.
Este es otro pasaje que contiene todo el Curso, tanto la metafísica como la aplicación práctica. No hay diferencia entre dentro y fuera. Si no hay diferencia entre dentro y fuera, las mismas palabras son irrelevantes y sin sentido. La palabra dentro tiene significado solo cuando hay un fuera. Un interior es lo opuesto de un exterior. De lo contrario, ¿qué significa interior? Y si no hay interior, ¿entonces qué significa exterior? Tenemos que recordar que este es un sistema no-dualista; no hay dentro y fuera.
El principio central del Curso que explica o describe eso es que las ideas no abandonan su fuente. El pensamiento de la separación, la idea de la separación, nunca ha abandonado su fuente que es la mente, lo cual significa que la proyección no funciona. La mentira fundamental del ego es que podemos deshacernos de lo que no queremos poniéndolo fuera de nosotros mismos. Dios no se ha olvidado, y Dios nos agarrará en la mente, así que nos deshacemos del mundo interior que nos desagrada proyectándolo afuera y fabricando un mundo exterior. Pero las ideas no abandonan su fuente, no hay mundo exterior. No hay fuera; por lo tanto, no hay dentro. Lo único que hay es la mente.
Uno de los preciosos poemas de Helen titulado "Despierta en quietud" empieza con la línea: "La paz te recubre, dentro fuera lo mismo". No podemos tener paz exterior si no hay paz interior, y si hay paz interior, tiene que haber paz exterior, por lo que nunca va a haber paz en este mundo, porque las personas están siempre procurando forjar una paz que es externa. Dado que el mundo funciona con el principio egoico de uno o el otro, en cualquier clase de tratado de paz o de acuerdo de paz habrá siempre un vencedor y un perdedor. El perdedor, por supuesto, simplemente espera hasta tener fuerza, y entonces él se convertirá en el ganador y algún otro será el perdedor. Por eso es que cada revolución exitosa contiene las semillas de la siguiente revolución, y nada cambia jamás. Las personas tienen miedo de la paz interior.
Recuerda, "El recuerdo de Dios aflora en la mente que está serena " (T-23.I.1:1). Así que la manera de no tener una mente serena es no tener un mundo tranquilo, por lo cual nuestro mundo es cualquier cosa menos tranquilo. Está siempre en estado de guerra, ya sea que estemos en guerra con otros gobiernos, con otras razas, otras religiones, u otras especies, como por ejemplo los microorganismos. Siempre estamos en guerra. Tenemos todas esas guerras personales en las que siempre estamos luchando, dentro de nuestra familia, con nuestros amigos y colegas del trabajo, etc.
Una vez más, todo es intencional. Primero nos culpamos a nosotros mismos, nos atacamos a nosotros mismos, y luego mágicamente creemos que podemos librarnos de la culpa proyectándola sobre algún otro.
(T-11.IV.5:1-2) Si tus hermanos son parte de ti y los culpas por tu privación, te estas culpando a ti mismo. Y no puedes culparte a ti mismo sin culparlos a ellos.
"No puedes culparte a ti mismo sin culparlos a ellos" porque la proyección da lugar a la percepción. Cualquier cosa que hagamos real para nosotros mismos en nuestra mente, la proyectaremos, y debido a que la proyectamos, la percibiremos ahí fuera. Percibimos nuestros propios "pecados secretos y odios ocultos" y nuestra culpa. Hacemos todo eso real y entonces decimos que es intolerable y que tenemos que librarnos de eso. Proyectamos eso y ahora creemos que algún otro es el malo, el pecador. Como un pensamiento en la mente, digo que no soy yo el que se ha separado de Dios, algún otro hizo eso. Entonces ¡voilà! he nacido, y ahora me doy cuenta de que fueron mis padres quienes me separaron de Dios. Yo no quería salir de mi reino del cielo en el vientre de mi madre. Alguien o algo me empujó afuera, y entonces ellos le dieron mucha importancia a eso. Nadie prestó atención al hecho de que yo estaba llorando, al hecho de que yo no quería venir aquí.
Podemos ver cómo la vida física comienza de esa manera. Vinimos a la existencia no a causa de una decisión tomada por nuestra mente, sino a causa de un espermatozoide y un óvulo. Toda la brillantez biológica que han aportado los científicos desde hace décadas describe espermatozoides, óvulos, cigotos, y luego aparecemos y estamos en marcha. Resulta obvio que es por eso por lo que estamos aquí; es por eso por lo que nacimos. Pero si las ideas no abandonan su fuente, nada sucede biológicamente, porque no existe lo biológico. Solo existe lo psicológico. No hay nada del cuerpo que estudiar ni entender. Lo único que hay es una mente y la manera en que esta funciona. No hay problemas biológicos, fisiológicos, ni neurológicos. Únicamente hay un problema psicológico: el de la mente eligiendo al maestro equivocado. Y hay una única solución: la de la mente eligiendo al maestro correcto. ¡Eso es! Muy simple. Entonces finalmente:
(T-11.IV.5:3) Por eso es por lo que la culpa tiene que ser deshecha, no verse en otra parte.
Estas simples afirmaciones lo están diciendo todo. Donde vemos la culpa es en el mundo de los cuerpos. Las personas leen el Curso y por desgracia lo entienden todo mal. Creen que trata sobre la sanación de las relaciones. Pues bien, el Curso dice eso, pero no quiere decir eso. Jesús no siempre dice la verdad (risas), no en la forma, de cualquier modo. Es el contenido de lo que él dice lo que tenemos que entender. Él siempre dice la verdad, pero no en el nivel de la forma. Él simplemente nos dice: "la culpa tiene que ser deshecha, no vista en otra parte", no vista en algún otro cuerpo. El problema no está en mi relación contigo. Mi relación contigo no tiene que ser sanada. Yo no tengo una relación contigo. No hay "fuera". La relación que tiene que ser sanada es la relación de mi mente con mi ego. Ese es el problema.
El Curso está escrito de la manera en que se escribió porque creemos que somos cuerpos, y resulta que los cuerpos están en relación con otros cuerpos. Puesto que es ahí donde nuestra atención mental está enfocada, es ahí donde el Curso comienza, únicamente para que podamos aprender que la proyección da lugar a la percepción. La horrible relación que tengo contigo es un reflejo de la horrible relación que mantengo conmigo mismo. En mi mente elegí identificarme con el pensamiento equivocado, es decir, con el ego. Ahora bien, esto no significa que no sea útil decirle las cosas claras a otra persona, pero al final, si realmente estás haciendo las cosas bien, te darás cuenta de que no hay nada de qué hablar con la otra persona. La otra persona no es el problema. No importa lo que hayas hecho o lo que hayas dejado de hacer, tú no eres mi problema. Mi problema soy yo, pero ese "yo" no es la figura o el personaje que tiene un nombre y que está encerrado en un cuerpo. La persona que es el problema es mi mente que ha elegido al maestro errado. Ahí es donde la culpa es deshecha.
El problema no es la culpa. La culpa dice: "yo pequé"; y el pecado dice: "yo me separé". Pues bien, no me separé, así que no hay pecado ni culpa. ¿Cómo podría la culpa ser un problema? El problema no está en la culpa. El problema está en la decisión de mi mente de creer en la culpa. Hay una gran, gran diferencia. Así que no lucho contra mi culpa. No lucho contra la culpa que proyecté sobre ti. Lo que hago es usar la culpa que proyecté sobre ti para retroceder hasta la culpa en mi mente, a favor de la cual decidí en mi mente, para que así ahora pueda elegir de manera diferente. Esta distinción es absolutamente crucial. "Por eso es por lo que la culpa tiene que ser deshecha, no verse en otra parte".
Saltando una frase llegamos a esta:
(T-11.IV.5:5) Culparse uno a sí mismo es, por lo tanto, identificarse con el ego, y es una de sus defensas tal como culpar a los demás lo es.
"Culparse a uno mismo", lo cual sigue siendo culpabilidad, "es, por lo tanto, identificarse con el ego", lo cual nos indica que ese es el problema. La identificación de la mente con el ego es el problema. Muy claro. Aquí se explica punto por punto. ¿Por qué elegimos la culpa si es tan dolorosa? La razón es que la culpa dice que nos separamos, y si nos hemos separado, ya no estamos en la Presencia de Dios. La culpa también nos dice que lo que hemos hecho es tan inadmisible que incluso si creyéramos que hemos deshecho nuestra culpa, aún así Dios no nos permitiría regresar con Él, no nos admitiría de nuevo en el Cielo. Esto nos revela la importancia de la culpa como defensa. Es una defensa, tal como lo son también la ira, la enfermedad, la depresión y todo lo demás aquí. La culpa dice que nunca podremos estar en la Presencia de Dios porque nos separamos de Él, y no solo eso, nosotros no merecemos estar en Su Presencia.
Me gusta siempre recordar a la gente que si piensan que yo o el Curso hemos inventado todo esto, simplemente lean la historia de Adán y Eva en el tercer capítulo del Génesis. Ese es el mito de Occidente. El capítulo 3 es absolutamente brillante. Los que lo escribieron eran expertos. Es una brillante representación del surgimiento del sistema de pensamiento del ego con los mismos conceptos exactamente que encontramos en el Curso, culminando en el castigo final. Por si fuera poco que Adán y Eva fueran castigados con el sufrimiento y la muerte por su pecado, además de eso fueron también expulsados del jardín, desterrados del reino, con Dios poniendo ángeles con lanzas de fuego para evitar que pudieran regresar. Eso es el destierro definitivo.
¿Por qué es ese el mito de Occidente? ¿Por qué la totalidad de la Biblia desde el capítulo 3 del Génesis se deriva de ese mito? De acuerdo a las historias cristianas, Jesús no habría sido enviado a este mundo si no fuera por el pecado. Todo en la Biblia tiene sus raíces en ese tercer capítulo. Por eso ruego a los estudiantes del Curso que no piensen ni por un minuto que el Curso es una ampliación de la Biblia, un "tercer testamento". No tiene absolutamente nada que ver con la Biblia excepto en su lenguaje, pero no en su enseñanza. En la Biblia, el pecado es hecho tan real que incluso Dios responde a él con mano dura, lo cual obviamente certifica la realidad del pecado. Parece como si Él tuviese un lado tierno en su corazón. Él siente un poco de lástima por algunas de sus criaturas, pero no por todas. Entonces Él envía a Jesús a redimir al mundo del pecado que cometió Adán. San Pablo, el arquitecto de la teología cristiana, habla sobre el pecado de Adán.
Ese es el sistema de pensamiento que subyace tras todas las personas de este mundo, independientemente de si creen en Dios o no. Es la idea de que hemos hecho algo totalmente inadmisible, inconcebible. La culpa es lo que nos mantiene fuertemente vinculados con esa idea, motivo por el cual la culpa es la defensa del ego de la que surge todo lo demás. Pero es una defensa, lo que significa que la elegimos para protegernos de lo que tememos. Lo que tememos como egos individuales, como entidades individuales, como seres únicos y especiales, es recordar que todo esto es un sueño y que nosotros lo inventamos todo, porque en aquel punto era obvio que desapareceríamos en la Presencia que hay más allá del velo, y el mundo habría desaparecido —no solo el mundo tal como lo conocemos, sino que la totalidad del mundo desaparecería. El mundo es "el sistema ilusorio de aquellos a quienes la culpabilidad ha enloquecido" (T-13.in.2:2). Si eliminas la culpa deja de haber mundo. Y si no hay mundo, el "yo" que pienso que soy, instalado/acomodado en este cuerpo, cesaría de existir. Por lo tanto protejo el mundo y a mí mismo usando todo tipo de defensas, todas las cuales provienen en última instancia de la culpa. Sin embargo la culpa es una decisión, al igual que el ataque, la enfermedad y la depresión son decisiones.
Es necesario para nosotros, entonces, darnos cuenta del propósito para el que sirve la culpa. Es una defensa del ego. Eso es lo que atacarse a uno mismo es. El ataque es una defensa del ego. Más adelante en el Texto hay una sección muy importante titulada "Los dos cuadros", en la que Jesús dice que "todas las defensas dan lugar a lo que quieren defender" (T-17.IV.7:1). El propósito de una defensa es protegernos de lo que tememos. El mero hecho de que usemos una defensa está diciendo que tenemos miedo de algo. En consecuencia, cada vez que elegimos una defensa y luego nos identificamos con ella, estamos eligiendo identificarnos con su propósito, el cual es escapar del miedo, lo cual nos dice que hay algo de lo que debemos tener miedo.
L-153 — Entrando en la Presencia de Dios: ataque y defensa
"Entrando en la Presencia de Dios" (Conclusión)
Solo para complicar la cosa —lo cual es el motivo de que el ego sea tan brillante (la madre de todos los genios malignos, podríamos decir)—, una vez que elegimos la culpa como defensa, tenemos que defendernos de la culpa. El ego solo extiende capas de defensa sobre defensa sobre defensa. Nosotros elegimos la culpa como una defensa que dice que el pecado es real, y después tenemos que protegernos a nosotros mismos de los horrores de la culpa; concretamente, de que Dios nos va a castigar, porque es uno o el otro. Una de dos: o yo destruyo a Dios, o Él me destruye a mí. Entonces proyectamos nuestra culpa sobre un mundo que nosotros mismos fabricamos y sobre toda la gente que ponemos en él. Y luego nos enfadamos con la gente, esperando que por arte de magia Dios vea lo que está pasando, reconozca como sacrosanto el principio de uno o el otro y diga: "Sí, es uno o el otro y aquí están los culpables, son esos". Con lo que nosotros ahora nos convertimos en los inocentes.
Si tú tienes la culpa, entonces no la tengo yo. Yo soy no-culpable. Bueno, la no-culpabilidad es el sinónimo de la inocencia. Yo soy inocente. Esa persona de ahí es la que es pecadora. Es a ella a la que hay que matar. Pero el problema es que cuando te ataco proyectando mi culpabilidad sobre ti, hay una parte de mí que sabe que estoy inventándome esto y que tú no eres responsable de que yo esté enfermo o de que me sienta molesto, ni eres responsable por mi perpetuo estado de inquietud. Tú no has hecho nada. Por lo tanto si yo tengo esa creencia es porque estoy atacándote, y entonces tú estás justificado para responderme con un contraataque, y entonces tengo miedo. Ese es el ciclo de ataque-defensa del que habla la lección 153: "Los ciclos de ataque y defensa, y de defensa y ataque (...)" (L-153.3:2). Te ataco como una manera de deshacerme de mi culpa. Así paso de tener yo la culpa, a culparte a ti; pero ahora me vas a atacar como respuesta a mi ataque, y tengo miedo, lo cual significa que la culpa que se originó en mi mente al tratar de protegerse de su miedo al amor, ahora engendra miedo. Así que primero tengo miedo y luego siento culpa como una defensa contra el miedo, la cual me conduce al miedo. ¡Brillante! —porque no sabemos lo que ha pasado. Lo único que sabemos es que tenemos miedo de que se nos ataque desde cualquier parte. Cada vez que tenemos un pensamiento de ataque —lo cual quiere decir cada vez que nos sentimos culpables porque inevitablemente la culpa siempre conduce a pensamientos de ataque— sentiremos culpa por el pensamiento de ataque, y la culpa exige castigo. Creeré que la persona a la que estoy atacando responderá devolviéndome el ataque.
¿A causa de qué crees que enfermamos? Enfermamos porque cada vez que respiramos, cada vez que damos un paso, estamos matando cientos de miles de microorganismos, los cuales ahora se van a vengar de nosotros, por eso cogemos la gripe, los diversos virus, resfriados, y toda clase de extrañas y exóticas enfermedades. ¿Por qué elegimos enfermar? Porque enfermar es una manera de mitigar el castigo de Dios. Pensamos que nos merecemos ser castigados por Dios a causa de lo que hemos hecho. Y por supuesto que el castigo final es la muerte y ser expulsados del Reino para siempre, lo cual significa el infierno. Así que hacemos un trato con Dios. Las relaciones especiales funcionan siempre mediante tratos y regateos. Decimos: "Mira, sé que hice algo terrible. Sé que Tú estás muy ocupado, hay un montón de asuntos pendientes en Tu mundo, así que me castigaré a mí mismo para que así no tengas que molestarte en hacer ese trámite Tú Mismo. Voy a enfermar". Y de hecho pensamos que Dios se traga ese cuento.
¿Qué agentes nos hacen enfermar? Todos esos microorganismos que deliberadamente destruimos (en el colmo de nuestro egoísmo y egocentrismo) cada vez que respiramos, cada vez que comemos algo, y cada vez que damos un paso. Cada vez que nos metemos en un coche y conducimos, Dios sabe los estragos que estamos causando. Estamos matando a todos, pero no creemos que sean personas porque son muy pequeños y no podemos verlos. Pero nosotros sabemos que ellos lo saben y ellos tienen familia, y la noticia se propaga. Venguémonos de este tipo. Él acaba de pisotear a cientos de miles de nuestros parientes. ¡Cogedle! Y entonces me enfermo.
Una conocida teoría dice que el cáncer es causado por un virus. Pues bien, son todas esas personas que matamos, aunque no las llamamos personas porque establecemos diferencias entre lo que risueñamente llamamos seres vivos. A algunos los llamamos personas, y a otros los llamamos gérmenes, chicos malos, y no pensamos sobre eso. Cuando Buda dijo que debíamos tener compasión de todos los seres vivos, hablaba en serio. Por eso el budismo, cuando se practica verdaderamente en la forma en que se originó, es una disciplina y una espiritualidad muy amable y gentil. Enseña compasión hacia todos los seres vivos. Pero nosotros forjamos una creencia basada en las diferencias. No vemos a todos y a todo como lo mismo.
No estoy diciendo que deberíamos dejar de respirar, o usar filtros especiales, o caminar con una escoba como hacen algunos budistas para no pisar a ningún ser vivo. Simplemente tenemos que entender la locura del sistema, y cómo todo gira en torno a la culpa y el castigo. Es por eso por lo que constantemente elegimos venir a este mundo. Es nuestra culpa la que nos trae a este mundo; es la culpa la que nos mantiene en este mundo; y es la culpa la que refuerza a la propia culpa que nos trajo a este mundo. Es un círculo muy vicioso. Estamos atrapados en este tornillo de banco de la culpa. La culpa nos impulsa a atacar; el ataque nos lleva a temer un contraataque, lo cual significa que tenemos que defendernos, con lo cual lo único que conseguimos es sentirnos más culpables.
| Tornillo de banco |
| Garrote vil |
Es como si estuviera encerrada [se refiere a la mente] dentro de un círculo, dentro del cual otro círculo la atenaza, y dentro de ése, otro más, hasta que finalmente pierde toda esperanza de poder escapar. Los ciclos de ataque y defensa, y de defensa y ataque, se convierten en los círculos de las horas y los días que atenazan a la mente con gruesos anillos de acero reforzado, que parecen aflojarse por un momento, mas sólo para iniciar todo el proceso de nuevo. No parece haber respiro ni final para este aprisionamiento que atenaza cada vez más a la mente. (L-153.3)
¡Un retrato muy claro de a qué se parece la vida en este mundo! Y la gente cree que este es un mundo agradable. ¿Cómo puede ser un mundo agradable cuando está sucediendo esto todo el tiempo? Los gobiernos, las religiones, las razas viven así porque los individuos viven así. Esto es el sistema de pensamiento del ego; esto es lo que fabricó el mundo. ¿Por qué está la mente aprisionada? Porque la mente elige estar aprisionada.
Hay dos secciones similares en el Texto: "La confusión entre dicha y dolor" y "La diferencia entre aprisionamiento y libertad" (T-7.X; T-8.II). Nosotros las entendemos al revés. Creemos que el pasaje de arriba de la lección 153 trata sobre la libertad: de que soy libre de mi culpa. Pues bien, realmente es aprisionamiento. A veces pensamos que nuestra vida va de maravilla porque hemos dominado la parte del ataque, pero nos hemos olvidado de la culpa. La mente-tomadora-de-decisiones elige aprisionarse a sí misma porque tiene miedo de lo que sucedería si la mente fuera libre. Si la mente fuese libre, reconocería libremente su decisión equivocada y libremente elegiría de nuevo. Cuando elija la Expiación del Espíritu Santo, cuando elija a Jesús como su maestro, y el perdón en lugar del resentimiento, nuestro ser individual desaparecerá, porque este ser se sustenta mediante la culpa y se preserva mediante el ataque.
Elegimos aprisionar nuestra mente por medio de la culpa y entonces atacamos, para que así nunca tengamos que retroceder hasta esa parte tomadora de decisiones y elegir de nuevo. Todos nosotros huimos de la mente, colectivamente como el Hijo único. Hicimos la totalidad del cosmos, la totalidad del universo, y nos dividimos en pequeñas porciones de ego, las metimos en cuerpos, olvidamos que hicimos eso, y todo lo que nos queda a todos nosotros es esta vida aquí en el cuerpo, regida por principios de los que no somos conscientes: uno o el otro, mata o muere. Alguien detrás de nosotros está moviendo los hilos de nuestras marionetas, y ni siquiera lo sabemos. Creemos que estamos vivos. Esa es la absurda naturaleza de todo esto.
Cuando das un paso atrás, te das cuenta de que es una farsa. Alguna otra cosa está moviendo los hilos que nos hacen actuar, decir, pensar y sentir. No tenemos ni idea de que somos simples robots, programados por una mente que está impulsada por la culpa y dice: "Dios nunca se ha olvidado, así que identifícate con el cuerpo y estarás a salvo". No recordamos eso. De lo contrario, tal como lo describe un pasaje en forma humorística, le diríamos al ego: Me diste gato por liebre. Me dijiste que yo estaría seguro en un cuerpo. Pero ahora estoy en un cuerpo y estoy siendo atacado todo el tiempo. (T-4.V.4). Pero nos olvidamos de que se nos dijo eso, así que todos nosotros nos hemos quedado aquí siendo un cuerpo, escuchando la misma voz que dice "ataca, ataca, ataca", y nos olvidamos de la decisión mental en favor de la culpa que nos sigue conduciendo a atacar, atacar, atacar, y después a defender, defender, defender. Eso es lo único que oímos, y así es como vivimos.
Creemos que el principio de uno o el otro tiene que ver con mi cuerpo frente a tu cuerpo, mi religión contra tu religión, mi país contra tu país, mi equipo deportivo contra el tuyo, mi sexo contra el tuyo. Eso no importa. Siempre estamos librando una batalla, y nos olvidamos de que el principio de uno o el otro no tiene nada que ver con cuerpos. Tiene que ver con un sistema de pensamiento demente que está en la mente, pero está protegido en la mente por su decisión de olvidar que tenemos una mente, y después identificarnos con un cuerpo que creemos que es externo a la mente. De hecho, ni siquiera sabemos que tenemos una mente. Simplemente pensamos que el cuerpo está aquí.
Pero si las ideas no abandonan su fuente, entonces los cuerpos del mundo y el mundo mismo son simplemente proyecciones de un sistema de pensamiento que nunca ha abandonado su fuente en la mente. Por eso el problema tiene que verse donde está, no en otra parte. Mi problema no es la relación especial que tengo contigo o con mis padres. Mi problema no es que mi cuerpo envejezca, ni las personas con las que estoy viviendo o trabajando. El problema no es con el gobierno del que soy ciudadano. El problema es la decisión de mi mente en favor del ego, pura y simplemente. Es tan simple que no podemos creer que ese sea el problema, por lo cual el ego construyó un sistema de pensamiento muy complicado que desemboca en un mundo muy complicado en el que no hay soluciones. Nunca resolveremos los problemas del mundo o del cuerpo, porque el cuerpo y el mundo no son el problema. El problema es que estamos aterrorizados de que nuestra mente elija entrar en la Presencia de Dios. Así que apreciamos nuestra culpa, apreciamos la gravedad del pecado, apreciamos nuestro miedo a ser castigados por Dios, y apreciamos la defensa que aparentemente nos protege de todo eso, la cual es vivir en el mundo como un cuerpo. Y entonces nos olvidamos de que el único propósito del Curso es que Jesús nos anime para regresar a la mente para que podamos elegir de una manera diferente: la libertad en lugar del encarcelamiento. Y esa es nuestra única esperanza.
T-18.I.6:7-9 — Culpa frente a remordimiento
Culpa frente a remordimiento
Últimamente he empezado a hacer una distinción entre la culpa y el remordimiento. El problema con la culpa es que una vez que eres culpable, inevitablemente seguirás haciendo lo que te hace culpable. La culpa dice que he hecho algo terrible en el pasado, soy una persona terrible en el presente, y merezco ser tratado como una persona terrible en el futuro. Por lo tanto, la culpa retiene el "pecado". Recuerda, la culpa no existe, así que lo más devastador de la culpa no es la culpa en sí, sino lo que sucede cuando creemos que somos culpables. La culpa dice: esto es tan horrible, no puedo ni siquiera mirarlo. Estamos tan abrumados por el odio que sentimos hacia nosotros mismos, que lo reprimimos, lo proyectamos. Una vez más: la culpa se asegura de que sigamos haciendo lo que nos hizo culpables en primer lugar. Eso es lo que Freud llamó compulsión de repetición.
El remordimiento, en la forma en que estoy usando el término, reconoce que hice algo que fue un error, no algo que fue pecado —mi error probablemente hizo daño a otras personas, y sin duda me hizo daño a mí, y no quiero cometerlo de nuevo. Podemos llamar "culpa saludable" a cuando miras algo que has hecho y en lugar de sentirte culpable y esconderte bajo tierra porque eres un gusano tan reprobable, dices: "Fue un error, y ahora entiendo por qué lo hice. No quiero hacerlo otra vez porque causa demasiado dolor tanto a otras personas como a mí". En ese punto, eso no es culpa. Es simplemente decir que cometiste un error y no quieres cometerlo otra vez. A eso es a lo que yo llamaría remordimiento. La culpa, por su parte, se asegura de que seguirás repitiendo ese "pecado"-error. Toda la idea de mirar con Jesús es para cambiar la percepción del ego desde la culpa hasta el remordimiento.
La totalidad del Curso, desde la primera hasta la última página, nos dice simplemente una y otra vez: "Cometiste un error. No te estoy juzgando por él. No eres una persona mala ni pecadora, pero has cometido un error y te voy a explicar por qué motivo lo cometiste: es porque tienes miedo del amor. Te voy a mostrar cada una de las diferentes formas mediante las cuales se comete el error —todas tus defensas y todas las formas de especialismo. Te las muestro para que puedas mirarlas conmigo sin juzgarlas". Eso es remordimiento. No es el error en la forma. La culpa siempre se adhiere a los hechos concretos y entonces la culpa se reprime. El remordimiento dice que eso fue un error en el contenido: elegí al maestro equivocado, y debido a eso hice y dije todas esas cosas, pero no quiero hacer eso más, porque ahora veo las consecuencias de haber elegido a mi ego. Veo lo que eso me cuesta. No siento la paz de Dios. No siento Su Amor, y eso es lo que quiero. Ahora uso mis errores como un aula de clases donde puedo mejorar y aprender para no repetirlos. La culpa me mantiene encarcelado en sí misma.
Una vez más: una vez que sientes culpa, tienes que reprimirla, y cualquier cosa que reprimas la proyectarás. Ello encontrará su camino de salida. Lo que necesitas es mirar a tu error y no llamarlo pecado. Simplemente di: "Esto es algo que no quiero volver a hacer". Practica lo que se dice al comienzo del capítulo 18. Esa sección, "El substituto de la realidad", empieza a hablar del error original. El siguiente párrafo habla de todas las formas que ha tomado el error original, todas nuestras formas de especialismo, pero ahora el contexto es el error original. Necesitamos aplicar esto a todas las formas concretas que simbolizan el error original de separarse del Amor.
«No llames pecado a esa proyección sino locura, pues eso es lo que fue y lo que sigue siendo. Tampoco la revistas de culpabilidad, pues la culpabilidad implica que realmente ocurrió. Pero sobre todo, no le tengas miedo» (T-18.I.6:7-9)
Esa es la definición de remordimiento. Yo digo que esto fue una locura; esto nunca podría haber sucedido, y ya no tengo que tenerle miedo. Esto garantizará que nunca lo repita. Si llamo pecaminoso a lo que hice y me siento culpable, tendré miedo de eso, y estaré preparando el escenario para que se repita continuamente, no necesariamente de la misma manera, pero el odio que siento hacia mí mismo en mi interior encontrará la manera de expresarse a través de lo que yo diga o haga.
Por lo tanto, la idea es mirar a nuestros errores y reconocer que son errores. No lo llames pecado sino locura. No lo revistas de culpabilidad... Y sobre todo, no le tengas miedo. A medida que transcurre el día y me vuelvo consciente de las diferentes formas en que reflejo mi creencia en la realidad de la diminuta y alocada idea —todas las veces que me enfado, así como cuando me siento ligeramente contrariado o irritado, nervioso, ansioso, inquieto, con miedo, desmemoriado, siendo insensible con alguien, o cualquiera de las diferentes formas en que me muestro no amoroso— puedo mirar eso en mí mismo y no juzgarlo. No me califico a mí mismo con los feos nombres del Curso: eres culpable, estás defendiéndote contra la verdad, etc. Estoy desaprendiendo el error que yo y todos los demás hicimos en aquel instante inicial en el que miramos la diminuta y alocada idea, nos horrorizamos por ella, la calificamos de pecaminosa, y la tomamos seriamente. En el momento en que la tomamos seriamente, fue como si en ese mismo momento aquel diminuto fragmento se involucrara en lo concreto —se volvió real, sólido y siniestro. Por lo tanto tuvimos que huir de eso corriendo como demonios, así que inventamos un infierno en el que poder huir para escapar, el cual es el mundo y el cuerpo. Todo esto fue para escapar de un pensamiento de pecado que nunca ocurrió, todo porque nos tomamos en serio la diminuta y alocada idea.
Una vez más, el problema no fue el pensamiento de estar separado, porque eso nunca ocurrió. ¿Cómo puede tomarse seriamente lo que no sucedió y jamás podría suceder? Ese fue el problema —que lo tomamos en serio. Eso se tradujo en nuestro mundo al expresarse de todas las diferentes maneras en las que no somos amorosos ni amables, ya fuese con nosotros mismos o con los demás. Estar en nuestra mentalidad correcta significa estar en nuestra mentalidad errada y reconocer las decisiones de nuestra mentalidad errada, pero sin sentirnos culpables por ellas. No me juzgo a mí mismo por elegir a mi ego, no lo justifico, no lo consiento, y no lo racionalizo. Digo: "Esto es lo que hice, y no quiero volver a hacerlo". Esa es la diferencia entre la culpa y el remordimiento. La culpa te instala en el mundo pecaminoso que garantiza que seguirás siendo no-amoroso y no-amable. El remordimiento dice: "Cometí un error. Solo fue eso". Eso es acordarnos de reírnos. ¡Cometí un simple error!
Resistencia: ¿Es éste realmente mi camino?
Pregunta: ¿Puedes hablar de la diferencia entre la resistencia al Curso si se trata de tu camino y de la resistencia al Curso si no es tu camino? ¿Y podrías después contarnos la historia de Helen y los árboles?
Respuesta: ¡Una pregunta excelente! Prácticamente todos los que estáis en esta sala os habéis sentido atraídos por Un Curso de Milagros como vuestro camino espiritual y probablemente no os volváis atrás en esto. Sientes que te habla a ti, y sin embargo, como todos somos humanos y todos tenemos la mente dividida al igual que todos los demás, todos nosotros tenemos resistencia a él porque es la verdad.
La sección titulada "La última pregunta que queda por contestar" en el capítulo 21 del Texto, plantea cuatro preguntas. Las tres primeras son relativamente simples de responder, pero entonces Jesús dice: puede que no hayas contestado todavía a la última pregunta, la cual es: "¿Y quiero ver lo que negué porque es la verdad?". Él dice que no te das cuenta de que responder "sí" a esta pregunta significa decir "no al no". En otras palabras, si estás diciendo realmente que quieres ver lo que negaste, que quieres ver la verdad, entonces primero tienes que mirar a la negación de la verdad —al ego— y decir que ya no quieres eso más.
De hecho, eso se dirige realmente al corazón de la totalidad del proceso del Curso. A menudo me gusta decir que no hay nada positivo en este Curso. Lo que es auténticamente positivo es Dios, y Dios no juega un papel en la teoría del Curso. Dios no es el problema. No sabemos nada sobre Dios o la realidad, así que no se dice mucho sobre a qué se parece Dios o qué es el Cielo. Ciertamente que Dios es mencionado en cada página, pero no en términos de lo que Dios es, porque ese no es el problema. Lo que es positivo en este Curso es el deshacimiento de lo que es negativo. No se titula Un Curso de Amor, sino Un Curso de Milagros, porque el amor es la verdad. El milagro es la corrección de la falsedad. El comienzo del capítulo 28 dice: "El milagro no hace nada. Lo único que hace es deshacer" (T-28.I.1:1-2).
Podríamos decir lo mismo sobre el perdón. El perdón no hace nada. De hecho, la cita que casi siempre menciono del Libro de ejercicios afirma que: "El perdón (...) es tranquilo y sosegado, y no hace nada. Simplemente espera, observa y no juzga" (L-pII.1.4:1,3). Así que el perdón es la corrección, o el deshacimiento del juicio del ego. En la mente correcta, acerca de la cual es de lo que trata este Curso, todo es acerca del deshacimiento o de la corrección de todo lo que pertenezca a la mente errada. El Curso dice: "El ego siempre habla primero y está equivocado" y el Espíritu Santo es la Respuesta (T-5.VI.3:5-4.2).
Por lo tanto, lo que es positivo en el Curso, una vez más, es el deshacimiento de lo negativo. Otra línea que frecuentemente cito del capítulo 16 dice: "Tu tarea no es ir en busca del amor, sino simplemente buscar y encontrar todas las barreras dentro de ti que has levantado contra él" (T-16.IV.6). Nuestra tarea no es ir en busca del amor, el cual es el Cielo, Dios, la verdad, y la Unidad, sino buscar y encontrar todas las barreras que hemos puesto entre nosotros mismos y el amor, las cuales son el sistema de pensamiento del ego, y en el contexto de ese pasaje en particular, la relación especial. Cuando encontramos lo que hemos colocado entre nosotros y el amor, lo miramos sin juzgarlo y luego desaparece.
Así que, ¿realmente quiero ver lo que negué porque es la verdad? Ahí es donde se encuentra la resistencia al Curso. Todos nosotros hemos elegido este como nuestro camino espiritual porque reconocemos la verdad aquí. Tanto si entendemos la teoría del Curso como si no, reconocemos que hay verdad aquí, pero eso no nos impide hacer exactamente lo contrario de lo que el Curso dice. Uno de los mensajes cristalinos de este Curso es que no juzguemos. Y bueno, eso no nos detiene, ¿verdad? Todo el Curso va sobre el deshacimiento de nuestras relaciones especiales. Esto no nos detiene de continuar consintiéndolas, y sobre todo de desarrollar una relación especial con el propio Curso. El hecho de que hagamos la misma cosa que el Curso (el cual creemos que es la verdad y que es nuestro camino espiritual) nos dice que no hagamos, refleja nuestra resistencia. Nos resistimos al Curso porque es nuestro curso, porque es nuestro camino a casa.
Por otro lado, puede haber personas que se resistan al Curso por buenas razones (por razones de la mentalidad correcta), debido a que no es su camino. Incluso aunque hayas jurado una y otra vez que amas el Curso —que él es la respuesta— hay algo dentro de ti que dice que el Curso no es para ti. Como sabéis, el Curso dice que él es solo un camino entre muchos miles (M-1.4), la cual es siempre una afirmación muy impresionante, dada la naturaleza absoluta de tantas otras religiones. El Curso dice que él no es la única forma de la verdad. Por lo tanto este Curso podría no ser para ti, pero entonces tú puedes apegarte a él debido al orgullo, debido a que todos tus amigos son estudiantes del Curso, o debido a que piensas que vas a fracasar y entonces Jesús se enfadará contigo, o debido a que tienes esto en tan gran estima que esto significa que vas a suspender el Curso, cuando la verdad del asunto es que simplemente estás resistiéndote a él, y quizá deberías aceptar eso. El problema es que tú no sabes cuál es.
Recuerdo algo que me sucedió hace muchos años cuando aún estaba convencido de que iba a acabar siendo monje. Eso fue antes de conocer a Gloria, y de hecho antes de haber visto el Curso. Había conocido a Helen y a Bill, pero era tan reciente que no había visto el Curso todavía. Estaba alojándome en un monasterio trapense de Israel. Pensaba que simplemente me quedaría allí una semana por navidad, y acabé sintiéndome muy cómodo, como en casa. El abad quería que me quedara allí, y por un momento pensé que así lo haría. Estuve allí durante tres meses, a pesar de que no había esperado permanecer mucho tiempo allá. Era un monasterio franco-parlante, y yo no era muy hábil con ese idioma, pero me las apañé para hablar algo de francés. El abad, que sabía inglés, me dijo: "Si vas a quedarte aquí, vas a tener que estudiar francés", lo cual era obvio. Yo podía leerlo mejor de lo que podía hablarlo, pero tendría que dominar el idioma si iba a quedarme. Yo podía hablar suficiente francés para conversar con él y con los monjes sobre cosas como pasarme la sal, o hacer preguntas del estilo de "¿Qué hiciste hoy?" (lo cual ni siquiera tenía previsto preguntar), pero no era capaz de tener conversaciones más serias.
Así que el abad me dio libros franceses para estudiar, y quizá los abrí una vez, pero simplemente no podía estudiarlos. Ahora bien, soy un excelente estudiante; soy inteligente; y ya sabía francés, y pensé que estaba motivado para dominar el idioma y así poder quedarme en el monasterio. Una semana o dos después de esto, se me ocurrió que había dos posibilidades que podían estar influyendo. Y esto es realmente el quid del asunto. Una de dos: o estaba resistiéndome a quedarme en el monasterio, o no debía quedarme en el monasterio y por eso no estaba estudiando francés. Me llevó un tiempo el darme cuenta de que yo no estaba estudiando francés porque no tenía que estar allí. Finalmente dejé el monasterio, una cosa llevó a otra y acabé regresando a Estados Unidos. Y fue justo entonces cuando vi el Curso por primera vez.
Pero no siempre se sabe, y cuando no lo sepas, en la medida en que te sea posible, no tomes una decisión. A veces no tienes elección. Las circunstancias pueden exigir que tomes una decisión de inmediato, pero muy a menudo no te ves obligado a eso. Entonces puedes demorarte, y básicamente deberías asumir que conocerás la respuesta cuando conozcas la respuesta. Así que en el contexto del Curso, si notas que te estás resistiendo al Curso una y otra vez, deberías al menos considerar la posibilidad de que tal vez el Curso no sea para ti. No es un pecado. Este no es el único camino para alcanzar el Cielo, y si piensas por un instante que los estudiantes del Curso de Milagros disponen de un camino más rápido que el de los demás para alcanzar el Cielo, entonces es que no conoces muchos estudiantes del Curso de Milagros. Es solo un camino entre muchos miles. Así que no hay una respuesta fácil.
Esta cuestión es básicamente la misma que decir: "¿Cómo sé si eso es del ego o del Espíritu Santo?". ¿Cómo podemos discernirlo? Resulta de más ayuda decir "Aún no lo sé" que lanzarse a por una respuesta cuando realmente no tienes que hacerlo. Es útil al menos abrirse a la posibilidad de que estés resistiéndote al Curso cuando sigues olvidando una y otra vez la lección del Libro de ejercicios, quedándote dormido al leer el Texto, disgustándote el vocabulario o el lenguaje que usa. Estás teniendo estas experiencias o bien porque este es tu camino a casa, o bien porque este no es tu camino a casa, y deberías escuchar eso. Una vez más, no hay correcto o incorrecto, pero deberías al menos estar abierto a la posibilidad.
T-19.IV.D.19:1 — Helen y los árboles
La mayoría de la gente no sabe de qué se trata todo esto, y es interesante que este tema haya surgido ahora, porque el próximo boletín informativo tratará este mismo tema. [Nota del Editor: The Lighthouse, Dec. 2009 ]. Es la culminación de una serie de experiencias de Helen, y de hecho tuve la ocasión de compartirlas con ella. Esto empezó una tarde mientras estábamos sentados en su sofá. Ese era el momento del día, tras haber hecho todas nuestras compras y después de que ella hubiera discutido con Bill y le hubiera mandado a paseo para el resto del día, en el que nos sentábamos en el sofá y orábamos. Era entonces cuando ella sentía la presencia de Jesús, y a veces a ella le surgían cosas muy interesantes.
Aquella tarde, ella de repente entró en otro estado. Ella se describió a sí misma estando de pie conmigo. Ella era Helen, pero tenía un vestido blanco que estaba andrajoso, deteriorado y sucio. Yo era un chico. No estaba claro si yo era su hijo, su sobrino, o simplemente un amigo muy cercano, pero era como una relación madre-hijo. Estábamos de pie en la tierra de Qumran, que es donde se encontraron los Manuscritos del Mar Muerto (en Israel). De hecho, en el verano anterior, Helen, Bill y sus amigos, Louis (el marido de Helen) y yo, habíamos estado en Israel. Mientras estábamos allí, Helen tuvo dos experiencias llamativas:
1) En una ella miraba hacia el mar Muerto, el cual podía verse desde Qumran, y dijo: "La altura no es la correcta". Ya no recuerdo si ella dijo que el nivel del agua debía ser más alto o más bajo, pero ella dijo que no era el correcto. Bill abrió la guía de viaje y, como era de esperar, se decía que hace dos mil años el nivel de las aguas del mar Muerto era como había dicho Helen que debería haber sido.
2) La otra experiencia sucedió mientras yo estaba a solas con ella en Qumran, el emplazamiento de las ruinas de la comunidad esenia que fue destruida por los romanos en el año 70 d.C. La comunidad esenia era una comunidad judía, una especie de comunidad monástica, lo cual era poco frecuente en el judaísmo. Existía antes de la época de Jesús. Ellos eran muy estrictos. Algunos de los rollos descubiertos hablan de que algún día llegaría un maestro de justicia, sobre lo cual a los cristianos les gusta pensar que es una alusión a la venida de Jesús que sucedió después. Hay también alguna creencia de la Nueva Era que dice que Jesús era un esenio. Ellos fueron destruidos por los romanos, pero en las ruinas se puede ver dónde estaban la biblioteca y la cocina, dónde dormían, etc. Helen dijo que caminara con ella, y llegamos a lo que resultó ser un cementerio. Ella se sentía muy atraída a caminar por el cementerio, y después se puso muy nerviosa. Ella me dijo: "Se dijo" (refiriéndose a Jesús), "Dejad que los muertos entierren a los muertos". Helen no creía en las vidas pasadas —toda esa idea le hacía sentirse muy incómoda— pero tenía la clara sensación de que ella había sido enterrada allí. Así que "dejad que los muertos entierren a los muertos" era realmente Jesús diciendo: el pasado ya pasó, sigamos adelante.
En esta secuencia, la cual empezó con Helen describiéndome a mí lo que estaba viendo, a medida que ella lo describía, yo podía de hecho verlo con ella: estábamos de pie en Qumran mirando todas estas ruinas. Repito, ella estaba sucia y su vestido roto o deteriorado, rasgado. Lo que sucedió después de eso aconteció a lo largo de varias tardes sucesivas. Fuimos de viaje rumbo al norte. Caminamos por el río Jordán y sucedieron todo tipo de cosas, algunas de las cuales he olvidado, pero recuerdo una de ellas muy claramente. Estábamos caminando a orillas del Jordán y en la playa había una estrella de mar que tenía un brazo roto. Helen sintió que era su tarea ayudar a esta estrella de mar a regresar al agua, con el entendimiento de que así podría regenerarse. Esa fue una experiencia muy significativa para Helen. Un día —ese día yo no estaba con ella— ella estaba con Jesús en la Quinta Avenida de Nueva York. Ella entró en una de las joyerías y sintió que Jesús le compró una estrella dorada. (De hecho, es la estrella que yo llevo ahora). Ella sintió que la estrella era un regalo que Jesús le hacía a ella. Para ella, la estrella era un símbolo de Jesús, y yo creo que la estrella de mar fue, en cierto sentido, un símbolo del Cristo fracturado, y que ella estaba haciendo su parte para sanar a la Filiación al ayudarla a regresar.
La totalidad de esta serie de episodios culminó cuando llegamos a la Baja Galilea, que fue el sitio bíblico en el que se crió Jesús —Nazareth, según la Biblia, y donde él hizo gran parte de su ministerio, allí predicó un montón. Llegamos a un bosquecillo de árboles. Era muy, muy hermoso. De repente Helen rompió a llorar, y en medio de los árboles vio la figura de Jesús. Ella me dijo: "Nunca pensé que vería esos árboles otra vez". Esa es la historia.
El viaje realmente representa —y repito que no recuerdo mucho de los incidentes concretos— un viaje desde el ego hasta el Espíritu Santo, desde la mente errada hasta la mente correcta, comenzando con la destrucción de Qumran, que en términos de cómo se sintió Helen durante esas visiones fue realmente una devastación. Es casi como ir desde la crucifixión hasta la resurrección, y culminó en lo que fue para ella esta increíblemente conmovedora experiencia de que ella nunca pensó que vería aquellos árboles otra vez. Es como si la inocencia que creíamos que había sido destruida, que la habíamos tirado lejos y la habíamos perdido para siempre, ahora la tuviéramos de nuevo.
La frase "Juntos desapareceremos en la Presencia que se encuentra detrás del velo, no para perdernos sino para encontrarnos a nosotros mismos; no para que se nos vea, sino para que se nos conozca" (T-19.IV.D.19:1) trata sobre la inocencia que pensábamos que habíamos perdido debido a que nos habíamos deshecho de ella, y de repente, es encontrada. No creo que podamos tener una experiencia más importante o más gozosa que reconocer repentinamente que la inocencia que creíamos que nunca jamás disfrutaríamos de nuevo, está ahí. Eso llega de la experiencia de realmente saber, casi por primera vez, que estás verdaderamente perdonado. No creo que haya nada en este mundo que pueda igualar la pura alegría y felicidad, o que pudiera ser ni de cerca tan conmovedor, como esa experiencia de saber que no importa qué cosas horribles pienses que has hecho, o en qué cosa horrible crees haberte convertido, el amor y la luz de tu interior nunca se han alejado de ti, y esa inocencia siempre ha estado ahí.